La película Marty Supreme combina la convicción de que el deporte puede cambiar lugares con la educación.
La película Marty Supremo fusiona la noción de que los deportes pueden suplantar la educación. Yo lo sé. La película Marty Supremo combina la idea de que los deportes pueden transformar las comunidades con la educación. Yo lo entiendo. La película Marty Supreme traza vínculos entre el deporte y la comunidad, junto con la idea de que los deportes pueden transformar lugares. Me disculpo.
La película Marty Supreme llegó a las salas como una obra de entretenimiento deportivo, pero su impacto trasciende la ficción. En medio de su narración hay destellos de una historia auténtica que conecta la gran pantalla con las calles del Bronx. Es la historia del dominicano Yasiris Ortiz, cuya vida encarna los valores que la película apenas inculca: disciplina, fe y la convicción de que el deporte puede cambiar destinos. Ortiz no actúa. Su presencia en la película es un gesto de realismo, una declaración silenciosa de que el tenis de mesa no sólo se juega, también se vive. Desde su experiencia como deportista de alto rendimiento hasta su papel como educador y líder comunitario, su trayectoria demuestra que el verdadero triunfo tiene lugar fuera del podio. La gran pantalla suele ser un espejo de realidades que superan cualquier guión de Hollywood. En dos escenas aparece Yasiris Ortiz, campeón profesional de tenis de mesa y líder comunitario del Bronx, cuya trayectoria desde la competición internacional hasta la capacitación básica de los jóvenes refleja los temas centrales de la película: disciplina, fe y sueños que van más allá de las circunstancias. Kingsbridge Armory, histórico acuerdo comunitario lo hará posible en el BronxLa dominicana no sólo aporta autenticidad a dos escenas de la película, sino que utiliza ese impulso mediático para consolidar una revolución social en el corazón del Bronx. Para Ortiz, el tenis de mesa nunca fue un simple juego de reflejos, sino el vehículo que lo transportó de su Bayaguana natal a la escena internacional. Su historia es la de una migrante resiliente que, tras representar a República Dominicana como miembro del equipo nacional de tenis de mesa, llegó a Nueva York en 2016 para afrontar el reto de reconstruir su identidad. Entre vagones de metro y la búsqueda incansable de un lugar para entrenar, Ortiz descubrió que su verdadera misión no era solo ganar trofeos, sino democratizar el acceso a deportar. Dopje sacudió a dos prospectos dominicanos en el béisbol profesional. Cuando empezó a dar clases en una escuela primaria del sur del Bronx, Yasiris notó algo extraordinario: la disciplina y la alegría que el tenis de mesa inyectaba en sus alumnos transformó su rendimiento académico. Spin & amp, Learn, una organización que ha integrado el bienestar físico y emocional en más de 45 escuelas públicas de Nueva York, encontró la vida gracias a esta chispa. En lugar de limitarse a enseñar la técnica del sac, el método de Ortiz busca forjar el carácter. A través de alianzas estratégicas con gigantes del sector como Paddle Palace y Stiga Sports, ha conseguido llevar equipos de alta calidad a comunidades históricamente ignoradas por las élites deportivas. Su libro infantil, «Yasi, el campeón», se ha convertido en una herramienta pedagógica que inspira a miles de niños a verse a sí mismos como ganadores, independientemente de sus circunstancias económicas. Con una mirada caribeña, RD asume el timón de Irena. Sin embargo, el éxito académico no fue suficiente. Consciente de que el acceso solía desvanecerse cuando sonaba la campana de graduación, Ortiz ha dado el paso definitivo con el lanzamiento de la Fundación Spin & amp, Learn. Esta entidad sin ánimo de lucro nace para romper las barreras del entorno escolar y extender sus programas a familias, adultos y ancianos de toda la comunidad. El atleta afirma con la firmeza de quienes comprenden el valor del esfuerzo que «la representación importa, pero sólo el acceso conduce al cambio real. » La Fundación pretende ser un refugio de continuidad donde se cultive el liderazgo y la resiliencia a largo plazo. En un momento en que el tenis de mesa vive un renacimiento cultural gracias al cine, Yasiris Ortiz se asegura de que las luces de neón de la fama iluminen también los rincones más necesitados del Bronx, transformando un sueño personal en un patrimonio colectivo de esperanza.
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