Con 30, 000 euros, el Ministerio de Juventud no solicitó «el envío material» de las obras a ningún candidato al premio, y las valoraciones se hicieron en base al dossier informativo del solicitante. Editores y expertos lamentan que «haya sido un concurso de redacción».
«Como juzgar un libro sin leerlo», «No es un premio de juguetes, es un concurso de escritura», «Una oportunidad perdida. . «. De esta forma, algunos expertos, asociaciones y editores aplauden la convocatoria del Premio Nacional del Juguete 2025, financiado por el Ministerio de Juventud e Infancia y dotado con 30. 000 euros para el ganador. Aunque la participación era abierta, sólo se presentaron siete candidaturas, que fueron juzgadas exclusivamente en base a una memoria enviada por los candidatos, según explica la organización en su respuesta a las alegaciones de uno de los participantes, a las que ha tenido acceso EL PAÍS. El jurado tuvo que hacer su valoración sin jugar ni participar en los juegos y juguetes que valoraba. El 30 de diciembre apareció en el BOE que el juego Dragones atrapados en la isla, de la editorial GEU y creado por Noelia García, Irene Hervías, Flora María Nieto y Sofía Busnadiego, era el ganador del Premio Nacional del Juguete, dotado con 30. 000 euros. Raúl López, director general de Atomo Games, era de los pocos que ya conocía este resultado: su editorial había enviado otro de los siete candidatos al premio, el juego La fiesta de las letras (creado por Juan Carlos Ruiz y Juan José Izquierdo), y el 26 de noviembre se les comunicó el fallo del jurado por si querían presentar alegaciones. López lo hizo: «Era raro que hubiera tan pocos candidatos y no supiéramos el partido ganador», dice por teléfono. «Como habíamos quedado segundos en las puntuaciones del jurado y a poca distancia del primero, decidimos alegar para ver si rascábamos algún punto más». Uno de los aspectos que López defendió en su reclamación es la «necesidad de verificabilidad real del producto»: aunque las bases de este Premio Nacional dicen que uno de los criterios a valorar es la «calidad del juguete» y que los participantes deben recoger en la memoria presente «los materiales que se han utilizado en su fabricación, envase o embalaje», no se les pidió que incluyeran el juguete para verificarlo. López defiende: «No se puede dar ese pedazo de premio basándose en lo que dice un documento y cuatro fotos, es una locura». La Dirección General de Infancia & apos, s y Adolescencia & apos, Derechos de la Consejería de Juventud e Infancia envió una respuesta a las alegaciones de Atomo Games, en la que el organismo reconoce que «no se ha requerido a ningún solicitante el envío del material del juguete». También que las valoraciones se han «basado en la documentación remitida por los solicitantes». «Participamos en muchos premios de juguetes, y no se parecen en nada a este]Premio Nacional]», afirma César Bernabéu, director comercial de Muñecas Berjuan, que también envió una candidatura al galardón: Bebé Glotón. «En algunos concursos, como el de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, no es que haya que enviar un juguete, es que hay que enviar muchos para que todo el jurado pueda hacer pruebas», dice. «No entiendo que un Premio Nacional haga las valoraciones sin el juguete delante». Alejandro Roldán, cofundador de Badan Studios, otro de los candidatos al premio con su juego de mesa Rey Mono (diseñado por Aida Cara y el propio Roldán), coincide con Bernabéu: «Es muy extraño valorar un juego si no lo tienes delante», afirma. El País también se ha puesto en contacto con GEU, la editorial del juego de mesa ganador de este Premio Nacional, que ha declinado hacer declaraciones. El requisito «fundamental» en otros Premios Nacionales es que todo el procedimiento haya sido «riguroso y transparente» y que, hasta el fallo del jurado, no haya habido «ninguna reclamación». «El proceso de valoración ha sido similar al de las anteriores ediciones del Premio Nacional al Fomento de la Creatividad en el Zumo (convocado por el Ministerio de Cultura en 2022 y 2023), donde no se solicitó copia de los juguetes presentados», alegan. «Hay otros premios que siguen los mismos criterios de valoración, como el Premio Nacional de Diseño de Moda, para el que no se espera la presentación física de prendas maquilladas». Sin embargo, estos galardones no premian trabajos concretos: el Premio Nacional al Fomento de la Creatividad en el Juguete premió a Josep María Joan Rosa (2022), director del Museu del Joguet de Catalunya, y a la empresa lúdica Paola Reina (2023). El Premio Nacional de Diseño de Moda premia a diseñadores como Juana Martín (2025) o Palomo Spain (2024). En otros premios nacionales, como Narrativa o Cómic, es el jurado el que propone las candidaturas, y la organización suele enviar copias de los trabajos a los miembros del jurado. «En el Premio Nacional de Cómic, al menos en la edición que yo juré, nos trajeron todas las obras y los leímos, me parece fundamental», dice la autora de cómics e ilustradora Sara Jotabé, que, además de jurado en el Premio Nacional de Cómic 2025, divulga sobre juegos de mesa en el programa Territorio 9 de Radio 3. «Me parece una gran noticia que te den un Premio Nacional del Juguete o de Juegos de Mesa, pero creo que debería ser básico jugarlos y probarlos». Mónica Rodríguez, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2024 y jurado de la próxima edición, también asegura haber leído todas las obras candidatas, que el resto del jurado había hecho lo mismo y que la deliberación «fue una reunión seria y luchada». También afirma que la llamaron para ser jurado del Premio Nacional del Juguete: «Lo rechacé porque no me siento capaz de valorarlo adecuadamente». «Como jurado de un libro sin leerlo», el Premio Nacional del Jugo ha provocado que asociaciones, editores y expertos muestren su enfado por cómo se han llevado a cabo las valoraciones. «No tenemos motivos para celebrarlo», afirma la asociación de creadores del juego de mesa Ludo en un comunicado. Lamentamos que se haya desaprovechado esta oportunidad, e instamos al Ministerio de Juventud e Infancia a que tome las medidas necesarias para solucionarlo en futuras ediciones. «La comparación con otros ámbitos es clara: para valorar una película hay que verla, para valorar un libro hay que leerlo. . . . Debería estar claro», afirma Jesús Torres, organizador del Festival Internacional de Juegos de Mesa de Córdoba y fundador de la asociación Juguos Tod@s. «Pensar que los juegos se pueden mirar por encima es despreciar lo que es un juego, desvalorizar los productos y despreciar el hecho de jugar como expresión de ocio cultural». Torres fue el primero en explicar lo ocurrido con el Premio Nacional del Juguete en la página web de su organización. También critica que las memorias utilizadas para valorar los juegos estén redactadas por los propios interesados: «Ni siquiera se ha valorado un informe elaborado por un experto que no es candidato», explica. El Premio Nacional del Juguete se considera actualmente un concurso de redacción. Inma Marín, presidenta del Instituto del Juego, comparte la opinión de Torres: «Me parece increíble, he sido jurado en muchos concursos y lo primero que hay que hacer con los juguetes candidatos es abrirlos, mirarlos, tocarlos, darles la vuelta. . «. dice. «Si no, es como juzgar un libro sin leerlo». Maite Francois, directora de marketing de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), que lleva más de una década luchando para que el juguete se convierta en bien de interés cultural, asegura que su asociación se enteró «por la prensa, y tarde», de la existencia de este premio. Fuentes de Juventud afirman que el ministerio «valora positivamente las consideraciones y aportaciones que las entidades del sector hacen para futuras ediciones».
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Como juzgar un libro sin leerlo realmente, no es un premio de juguete, es un concurso de escritura, y «Una oportunidad perdida». De este modo, algunos expertos, asociaciones y editores aplauden el Premio Nacional del Juguete 2025, financiado por el Ministerio de Juventud e Infancia y dotado con 30. 000 euros para el ganador. Aunque la participación era abierta, sólo se presentaron siete candidaturas, que se valoraron únicamente en base a una memoria enviada por los candidatos, según explicó la organización en su respuesta a las alegaciones presentadas por uno de los participantes, a la que ha tenido acceso EL PAÍS. Sin jugar ni tocar los juegos y juguetes que valoraban, el jurado tuvo que hacer su valoración.
