Lucy Worsley, historiadora: “Al Reino Unido le ha ido siempre mejor con reinas que con reyes”

El autor, que guardó el relato de la reina Victoria o de Enrique VIII, escribe un ensayo sobre la historia de los objetos domésticos.

  

Lucy Worsley (Reading, 52 años) lleva un par de décadas colándose en los televisores de los hogares británicos disfrazada de Ana Bolena, de Isabel I o de cortesana del siglo XVIII. Sus exitosos documentales de la BBC han reavivado la historia del Reino Unido de un modo cercano y provocador. Licenciada en Historia por Oxford, autora de 19 libros, conservadora jefe durante 21 años de los Historic Royal Palaces (los palacios que forman parte del patrimonio nacional), su sonrisa permanente, su picardía infantil, con esa media melena siempre ajustada a un lado con un pasador, han servido para camuflar un feminismo combatiente a la hora de abordar la Historia.. Se empeñó en titular Six Wives (Seis mujeres) su serie documental sobre las esposas de Enrique VIII. Se negó a incorporar en el título el nombre del monarca. Las protagonistas debían ser ellas. Dos estudiantes de Cambridge se inspiraron en aquel trabajo para crear el musical Six, un fenómeno mundial que reinventa a esas mujeres como divas pop e iconos del feminismo.. Worsley ha escrito ahora un delicioso libro, Si las paredes hablaran. Una historia íntima del hogar (Capitán Swing), basado en un documental suyo previo, donde relata el modo en que han condicionado nuestras vidas el dormitorio, la cocina o el cuarto de baño.. Pregunta. La historia de las pequeñas cosas. ¿Qué tiene de fascinante indagar en el día a día?. Respuesta. Soy del tipo de historiadora obsesionada con los pequeños detalles. No digo que la política exterior o los asuntos constitucionales no sean importantes, pero a mí me gustan los aspectos mínimos de la vida diaria, que sumados te pueden dar una imagen completa de los rasgos culturales y sociales de una época. Durante años he estado al frente de las casas museo históricas de este país. Y cuando los visitantes llegaban a Hampton Court [el palacio que ocuparon Enrique VIII y sus desafortunadas esposas] no preguntaban por la política de la Reforma o por la estética barroca, sino por cosas como dónde lavaban sus calcetines, dónde hacían sus necesidades o dónde cocinaban.. P. Damos por sentados lujos o hábitos como dormir en nuestro propio dormitorio o tener cuarto de baño propio.. R. La privacidad es un aspecto muy determinado por tu propia cultura. Hoy en Europa se nos antoja esencial, pero hace poco más de cien años usted podría haber estado compartiendo cama con sus compañeros de trabajo. Cada vez que hablo sobre este tema, la historia del hogar y sus enseres, siempre viene alguien a contarme que creció en una casa que no tenía cuarto de baño, o que lavaban la ropa en la cocina. No ha pasado realmente tanto tiempo de todo eso.. P. Acláreme algo. Cuando los historiadores dicen que nuestros antepasados no eran muy distintos a nosotros, no puedo evitar pensar que hoy un dolor de muelas nos hunde en la miseria.. R. Podemos perfectamente identificarnos con los sentimientos de Catalina de Aragón cuando sufrió la infidelidad de Enrique VIII y la dejó por una nueva esposa. Pero es cierto que algunas cosas son totalmente diferentes, como la presencia constante de Dios en los asuntos del día a día. O como la higiene. Siempre digo, cuando me preguntan qué época del pasado me gustaría visitar, que cualquier momento después de la invención de la anestesia.. P. Pero en otras cosas quizá eran mejores, o estaban más resignados…. R. La vida comunal, de algún modo, era más respetuosa que hoy en día. Hoy los ricos y los pobres habitan mundos aislados. En el pasado, estaban obligados a un mayor contacto entre ellos. Uno podría incluso argumentar que en el siglo XVI la obligación de los ricos de cuidar de los pobres era más fuerte. Se creía en aquella idea de la Gran Cadena del Ser, en la que desde Dios al rey, pasando por los obispos, los duques, los pequeños propietarios o los campesinos, todo el mundo sabía dónde encajaba. Puede sonar absurdo para nosotros, que aspiramos a la movilidad social, pero a ellos les daba la seguridad de saber su lugar en el mundo.. Cuando me preguntan qué época del pasado me gustaría visitar, digo que cualquier momento después de la invención de la anestesia». P. Defiéndame la figura de Enrique VIII, aquel rey que decapitaba esposas…. R. Creó la Armada, legisló contra el uso de armas de fuego, se inventó la inflación al devaluar la moneda, tuvo ambiciones para Inglaterra que ningún monarca previo había tenido. Y sin embargo, ha pasado a la historia por todo el melodrama de su vida personal y por su deseo sexual. Y por su fracaso personal, al ser incapaz de asegurar una sucesión. Ese fracaso, sin embargo, fortaleció al país. Reinó María, luego Isabel, luego Eduardo. Todo acabó resultando bien, porque las instituciones se activaron, al comprobar que debían proporcionar la estabilidad que el rey no había sido capaz de proporcionar. El Parlamento se fortaleció y la profesión legal experimentó cambios.. P. Y sin embargo, en el imaginario popular siguen fascinando sus mujeres.. R. Se piensa en ellas casi como una mano de cartas. De seis cartas. Todas con el mismo valor. Y no es cierto. Con Catalina de Aragón estuvo casado veinte años. Con Catherine Howard, apenas uno. Con Anne de Cleves, apenas unos meses. No representan lo mismo. Pero la historia es tan atractiva que cada una se ha convertido en un arquetipo. Catalina de Aragón era la trágica. Ana Bolena, la sexi. Jane Seymour, la bondadosa. Anna, la fea. Katharine Howard, la promiscua. Son estereotipos que dicen mucho sobre nuestra propia cultura, y que fueron realmente forjados en el siglo XIX, durante la era victoriana.. P. También ha estudiado en profundidad a la reina Victoria. Y ahí el mito está en el amor incondicional y apasionado que sentía por su esposo, el príncipe Alberto.. R. Si fuera posible preguntar a la reina Victoria si amaba a su esposo Alberto, te respondería que sí sin dudar. Pero porque esos eran los valores y principios de la época. Creo que ella se reprimió a sí misma para hacer lo que la sociedad pensaba entonces que era lo correcto. Y a la vez no puedo evitar sentir lástima por Alberto, porque en ese mismo mundo, un marido estaba obligado a tener control total de su esposa. Y aunque lo intentó, es complicado controlar a una reina.. Las reinas, por motivos que tienen que ver con su género y sus características individuales, gobernaban de un modo más consensuado». P. Isabel I, Victoria, Isabel II… se diría que se recuerdan como buenos reinados.. R. Por supuesto. Al Reino Unido le ha ido siempre mejor con reinas que con reyes. Cada una de ellas ha representado un periodo de gran estabilidad y de gobierno por consenso. Las reinas, por motivos que tienen que ver con su género y sus características individuales, gobernaban de un modo más consensuado, con menos postureo, con menos ardor guerrero como el de Enrique VIII. Inglaterra nunca fue una monarquía absoluta, siempre hubo una cierta dualidad en el poder. Y esta idea encaja mejor con una mujer en el trono.. P. Su popularidad deriva en gran parte de su imparcialidad. Resulta difícil saber qué opina Lucy Worsley de la época contemporánea y de la política.. R. Me interesa la historia contemporánea, por supuesto. Y no tengo reparo en señalar que para mí el feminismo es muy importante. Pero no quiero que la gente sepa a qué partido voto. Quiero que la Historia que cuento sea como una gran carpa en la que todo el mundo se sienta bienvenido. Y mi único mensaje, siempre, es el de pedirle a la gente que piense dos veces las cosas. Porque a veces son más complejas de lo que parecen.. En el siglo XVIII, en una sociedad agrícola, todos los miembros de la familia trabajaban. Cuando llega la posibilidad de trabajar en una fábrica y ganar un sueldo, se convierte en señal de refinamiento que tu esposa no trabaje y cuide del hogar». En el siglo XVIII, en una sociedad agrícola, todos los miembros de la familia trabajaban. Cuando llega la posibilidad de trabajar en una fábrica y ganar un sueldo, se convierte en señal de refinamiento que tu esposa no trabaje y cuide del hogar. P. Como la era victoriana, ensalzada y vilipendiada.. R. Exacto. Fue una era de gran energía y expansión, de grandes logros y conquistas rapaces, y a la vez una exaltación de los valores conservadores. Fue una época en la que la mujer quedó encajada en un papel doméstico. Y esto derivó de la revolución industrial. En el siglo XVIII, en una sociedad agrícola, todos los miembros de la familia trabajaban. Cuando llega la posibilidad de trabajar en una fábrica y ganar un sueldo, se convierte en señal de refinamiento que tu esposa no trabaje y cuide del hogar.. P. Hace poco, la National Gallery de Londres hizo una gran exposición dedicada a Artemisia Gentileschi, la gran pintora barroca olvidada durante tanto tiempo. ¿Hay que rescatar la historia olvidada de las mujeres?. R. En ese sentido me siento un poco desgarrada. Entiendo que, en parte, es una cuestión de justicia. Pero en los últimos años ha cobrado mucho auge la historia de las mujeres, y en ocasiones ha derivado en una versión elemental y facilona en la que todo era maravilloso. Y no es así. Las mujeres son como los hombres. Brillantes, en ocasiones. Terribles, en otras. A veces fuertes, a veces débiles. A veces inteligentes, a veces estúpidas. No creo que las mujeres deban ser siempre rescatadas de la sombra, pero a la vez creo que nos queda mucho rescate por hacer.. P. Especialmente, cuando se trata de grandes asesinas. Su serie de mujeres criminales de la Inglaterra victoriana es todo un descubrimiento.. R. Estaba cansada de todas esas historias de crimen en los que la primera escena es una mujer desnuda, brutalmente asesinada y sexi a la vez. Me encantó la idea de dar un giro al guion y contar la historia de todas aquellas mujeres que tenían el control de la situación y resultaban ser muy interesantes. En un tribunal victoriano, en el siglo XIX, el estrado era el único lugar donde una mujer podía decir libremente cosas como “Mi marido me ha violado”, “Estaba desesperada y mis hijos se morían de hambre”, o “Este hombre hizo cosas terribles que nunca debió hacer”.

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Lucy Worsley (Reading, 52 años) lleva un par de décadas colándose en los televisores de los hogares británicos disfrazada de Ana Bolena, de Isabel I o de cortesana del siglo XVIII. Sus exitosos documentales de la BBC han reavivado la historia del Reino Unido de un modo cercano y provocador. Licenciada en Historia por Oxford, autora de 19 libros, conservadora jefe durante 21 años de los Historic Royal Palaces (los palacios que forman parte del patrimonio nacional), su sonrisa permanente, su picardía infantil, con esa media melena siempre ajustada a un lado con un pasador, han servido para camuflar un feminismo combatiente a la hora de abordar la Historia.. Seguir leyendo

 

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