Uno de los toros del encierro lejano de la Fiesta de Resina recibió una lección de conocimiento de El Extremista, Calita pasó desapercibida, y Colomo protagonizó una actuación descarada al ser incapaz de banderillear al sexto.
Antonio Ferrera es un torero que podría incluirse en el apartado de los raros, como si hubiera alguno que no lo fuera, pero el extremista tiene todas las papeletas para pertenecer al grupo con todo merecimiento. Y lo es, entre otras razones que sólo él sabrá, porque es dueño de sí mismo, muy celoso de su profesionalidad, porque está mucho más difundido en América, muchas veces en plazas poco conocidas, que en España, y porque en sus 29 años de alternativa (la tomó en Olivenza, Badajoz, el 2 de marzo de 1997) ha vivido con diferentes etapas como matador: en sus inicios, asiduo de las corridas duras, se convirtió en figura, luego, por méritos propios y crecimiento personal, quiso y fue un torero innovador, que sorprendió con un nuevo tauromaco, y ahora no ha perdido lo suyo, pero será muy suyo, pero se ha alejado de lo suyo, pero aún no se ha alejado de lo suyo, pero se ha alejado de lo suyo, pero se ha alejado de lo suyo, pero se ha ido a lo suyo, como se ha ido a lo suyo, pero se ha ido. Tiene un toreo dentro. Y hoy lo ha demostrado en Las Ventas. La corrida del Partido de Resina no ha valido para nada, bien presentada, pero con pocos parecidos al típico toro de Pablo Romero, mansa en los caballos, y sosa, muy desordenada, delucidada y baja en el tercio final. Pero el cuarto de la tarde se encontró con un maestro curtido en mil batallas, que ya conoce todas las interioridades del toreo a pie, y entre el desconocimiento de los asistentes, dio una lección magistral de técnica, de dominio, de seguridad, de colocación. . . . Y fue capaz de hacer lo que parecía inverosímil: robar muletazos muy meritorios por ambas manos, largos y sentidos, a un toro que no ofrecía la más mínima posibilidad de duelo. La mayoría del público no lo sabía, algunos intransigentes le reprochaban el qué, pero ahí estaba el toreo de un maestro que se resistía a serlo. Se equivocó, sin embargo, cuando salió a saludar sin que nadie se lo pidiera, quizá porque era de los pocos convencidos de que su faena merecía una ovación. ¿Es raro o no es raro? No más que voluntad pudo presentar a los de abajo primero, como el resto de los que salieron a tierra. El Colombo Venezolano demostró que la Calita Mexicana estaba lista en todo momento, pero sin méritos, como lo demostró la Calita Mexicana. Este torero es un deportista que no está bendecido por las musas artísticas, que no le adoran razones para hacer el paseíllo en San Isidro, y que hoy ha dejado claro que debe tomarse unas largas vacaciones antes de volver a esta plaza. Dicen que los toros no aportaron nada que se pareciera al toreo, pero este joven clavó banderillas en su primer toro como es habitual, a un toro muy pasado, sin sonrojarse por ello, y utilizó el engaño para defenderse de los derrotes de sus oponentes. Pero la noticia llegó en el sexto. Colombo tomó el primer par de banderillas, el toro colocado y parado en los medios, lo intentó por ambos lados y cuando por fin se acercó al animal fue incapaz de dejar ninguno de los palos, lo mismo le ocurrió en el segundo intento entre las sonoras protestas del respetable. Por lo tanto, el torero ordenó a la cuadrilla que lo relevara en tan enfurecida labor, se fue a las tablas y soltó los garapullos. Quizás ante la incapacidad del jefe de filas, los pendones tampoco pudieron cumplir con su cometido, y el presidente se vio obligado a cambiar el tercio por dos varas en el lomo del animal. Una instantánea, papi, impropia de un profesional. Menos mal que un torero tan raro como Antonio Ferrera, criado como maestro, difundió un buen sabor de toreo que se ensañó con toda la plaza. Menos mal que. . . Lágrimas de Partido de Resina, bien presentados y muy astifinos, mansos a caballo, costaleros, descolgados y muy lustrosos. Antonio Ferrera: estocada pasada (silencio), -ahora- estocada fallada (ovación), y estocada tenada (silencio). Jesús Enrique Colombo: – aviso – media caída y dos pelos (silencio), media baja (pitos). 13 de mayo. Quinto festejo de la Feria de San Isidro. Casi lleno (18, 848 espectadores, según la organización)
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Antonio Ferrera es un torero que podría incluirse en el apartado de los raros, como si hubiera alguno que no lo fuera, pero el extremista tiene todas las papeletas para pertenecer al grupo con todo merecimiento. Continue reading Fiesta de Resina / Ferrera, Calita, ColomboToros de Partido de Resina, bien presentados y muy tiphine, mansos a caballo, sosos, descostados, y muy deslucidos. Antonio Ferrera: estocada pasada (silencio), -ahora – estocada fallada (ovación), y estocada tenida (silencio). Jesus Henry Colombo: – toma nota – nota – media caida y dos pelos (silencio), media baja (pitos). 13 de mayo. Quinta celebración de la Feria de San Isidro. Casi lleno (18, 848 espectadores, según la empresa)
