Cinco libros que el mundo leyó atribuidos a Borges por error

El universo de Jorge Luis Borges es famoso por sus falsos laberintos, espejos y enciclopedias. Sin embargo, el destino le deparó una ironía digna de sus ficciones, al convertirse en objeto de una vasta literatura apócrifa. En su libro Borges, textos secretos y falsos poderes, el biógrafo y coleccionista Alejandro Vaccaro desentraña décadas de fraude literario, editoriales olvidadas y mitos virales que acabaron ligados al nombre del autor de El Aleph.. A continuación repasamos las cinco piezas más persistentes que todo el mundo creyó de Borges, pero que él nunca escribió.. 1. «Instant», el poema que horrorizó a Mary Kodama. «Si pudiera volver a vivir mi vida, intentaría cometer más errores en la siguiente». . Es el apócrifo borgiano más famoso de la historia. Circuló por correo, publicidad y postales. El error alcanzó tal magnitud que la escritora Elena Poniatowska lo incluyó en uno de sus libros y el músico Bono, líder de U2, lo recitó en televisión atribuyéndolo al «poeta chileno Borges».. La investigación del profesor Iván Almeida demostró que el texto original era en prosa, se titulaba «Si tuviera que volver a vivir mi vida» y pertenecía al dibujante estadounidense Don Herold, publicado en Reader’s Digest en 1953. María Kodama, viuda del escritor, confesó haber luchado durante siete años para desmentir la autoría, diciendo con humor: «Si Borges hubiera escrito eso, habría dejado de estar enamorada de él».. 2. «Ad Eternum Est», el soneto nacido de una travesura. En 1972, el ensayista Marcos Ricardo Barnatán analizó un misterioso soneto dedicado a los fallecidos por tifus en Tacuarembó, sugiriendo con intrincados argumentos que se trataba de una obra oculta de Borges.. No hizo falta una profunda pericia filológica para desmontar el mito. En 1995, el propio Barnatán confesó en privado a Vaccaro que el poema había sido una invención suya en complicidad con un pariente. Años más tarde, el autor lo reconoció públicamente en la Biblioteca Nacional. Como señala Vaccaro aplicando el principio jurídico: «Ante la confesión de la parte, presumo de la prueba».. 3. El mito de la máquina de escribir es «El enigma de la calle Arcos». . El crítico Juan Jacobo Bajarlía sostuvo durante años que una novela policíaca de 1932 firmada por «Sauli Lostal» era, en realidad, una obra secreta de Borges. El mito creció gracias al testimonio de Ulises Petit de Murat, quien juró haber visto al escritor escribir los capítulos «mientras manejaba la máquina de escribir».. Vaccaro desmontó esta hipótesis con un dato biográfico demoledor: Borges nunca utilizó una máquina de escribir debido a una manifiesta torpeza mecánica. Todos sus manuscritos conservados son ológrafos y él dictaba sus textos. El verdadero autor de la novela fue Luis A. Stallo (cuyo apellido da origen al seudónimo Lostal), lo cual fue confirmado por cartas de lectores que lo conocieron en persona.. 4. La Carta-Prólogo a Menen desleal, ingenioso mosaico. El salvadoreño Álvaro Menen Desleal publicó en 1963 unos relatos cortos y maravillosos con un prólogo firmado por Borges. El texto resultaba tan creíble que la editorial Emecé lo incluyó como auténtico en una recopilación de 2003.. Sin embargo, los periódicos de Adolfo Bioy Casares y una carta de la Biblioteca Nacional revelaron el engaño. Cuando se le consultó, el propio Borges respondió con elegancia: «No recuerdo haber escrito la generosa epístola. . . Sospecho que se trata de un ingenioso mosaico de frases mías, extraídas de diversos textos». Bioy Casares fue más drástico en su intimidad y lo definió como un burdo centón de frases inventadas.. 5. La traducción de «La metamorfosis»: sesenta años de error editorial. Durante más de medio siglo, la prestigiosa Editorial Losada reeditó La metamorfosis de Franz Kafka, anunciando en la portada la «Traducción directa del alemán por Jorge Luis Borges». Se convirtió en la versión escolar de referencia en todo el continente.. El investigador Fernando Sorrentino señaló que el texto estaba plagado de modismos y leismos en español ajenos al estilo borgiano. Al ser interrogado al respecto, Borges lo negó dando una brillante lección de cine: él sabía alemán y nunca habría traducido Die Verwandlung como «Metamorphosis», sino como «La transformación».. Losada simplemente había tomado una traducción anónima de la Revista Española del Oeste y había estampado el nombre de Borges para vender más. La entrada «Cinco libros que el mundo leyó atribuidos a Borges por error» se publicó por primera vez en El Diario – Bolivia.

 

El universo de Jorge Luis Borges es famoso por sus espejos ficticios, sus enciclopedias y sus falsos laberintos. Sin embargo, el destino le regaló una ironía digna de sus ficciones, convirtiéndolo en el protagonista de una considerable obra literaria apócrifa. El biógrafo y coleccionista Alejandro Vaccaro desentraña décadas de fraude en su libro Borges, textos secretos y falsos poderes.. El Diario – Bolivia publicó los cinco primeros libros que el mundo leyó y que se atribuyeron a Borges por error.

  

El universo de Jorge Luis Borges es famoso por sus falsos laberintos, sus espejos y su enciclopedia. Sin embargo, el destino le deparó una ironía digna de sus ficciones, convirtiéndolo en objeto de una amplia literatura apócrifa. En su libro Borges, textos secretos y falsos poderes, el biógrafo y coleccionista Alejandro Vaccaro desentraña décadas de fraudes literarios, editoriales olvidadas y mitos virales que acabaron asociándose al nombre del autor de El Aleph.. A continuación, repasamos las cinco piezas más persistentes que todo el mundo creía que eran de Borges, pero que él nunca escribió.. 1. El poema «Instantáneo», que horrorizó a Mary Kodama, es. «Si pudiera volver a vivir mi vida / en la próxima intentaría cometer más errores. . ».. Es el apócrifo borgiano más famoso de la historia. Circuló por correo, publicidad y postales. El error alcanzó tal magnitud que la escritora Elena Poniatowska lo incluyó en uno de sus libros y el músico Bono, líder de U2, lo recitó en televisión atribuyéndolo al «poeta chileno Borges».. La investigación del profesor Iván Almeida demostró que el texto original era en prosa, se titulaba «Si tuviera que volver a vivir mi vida» y pertenecía al dibujante estadounidense Don Herold, publicado en Reader’s Digest en 1953. María Kodama, viuda del escritor, confesó haber luchado durante siete años para desmentir la autoría, diciendo con humor: «Si Borges hubiera escrito eso, habría dejado de estar enamorada de él».. 2. «Ad Eternum Est», el soneto nacido de una travesura. El ensayista Marcos Ricardo Barnatán analizó un misterioso soneto dedicado a los fallecidos por tifus en Tacuarembó en 1972, insinuando con complejos argumentos sobre caballos que se trataba de una obra secreta de Borges. . No hizo falta una profunda pericia filológica para desmontar el mito. En una confesión privada a Vaccaro en 1995, Barnatan admitió ante Vaccaro que el poema había sido una invención suya en complicidad con un pariente. Años más tarde, el autor lo reconoció públicamente en la Biblioteca Nacional. Como señala Vaccaro aplicando el principio jurídico: «A la confesión de la parte, me remito como prueba».. 3. «El enigma de la calle Arcos», el mito de la máquina de escribir. El crítico Juan Jacobo Bajarlía sostuvo durante años que una novela policíaca de 1932 firmada por «Sauli Lostal» era, en realidad, una obra secreta de Borges. El mito creció gracias al testimonio de Ulises Petit de Murat, quien juró haber visto al escritor escribir los capítulos «mientras manejaba la máquina de escribir».. Vaccaro desmontó esta hipótesis con un dato biográfico demoledor: Borges nunca utilizó una máquina de escribir debido a una manifiesta torpeza mecánica. Todos sus manuscritos conservados son ológrafos y él dictaba sus textos. El verdadero autor de la novela fue Luis A. Stallo (cuyo apellido da origen al criptoónimo Lostal), lo cual fue confirmado por cartas de lectores que lo conocieron en persona.. 4. La Carta-Prólogo a Menen Desleal, ingenioso mosaico. En 1963, el salvadoreño Álvaro Menen Desleal publicó relatos breves y maravillosos con un prólogo firmado por Borges. El texto era tan creíble que la editorial Emecé lo incluyó como auténtico en una recopilación de 2003.. Sin embargo, los diarios de Adolfo Bioy Casares y una carta de la Biblioteca Nacional revelaron el engaño. Cuando se le consultó, el propio Borges respondió con elegancia: «No recuerdo haber escrito la generosa epístola. . . Sospecho que se trata de un ingenioso mosaico de mis frases, tomadas de diversos textos». Bioy Casares fue más drástico en su intimidad y lo definió como un burdo centón de frases inventadas.. 5. La traducción de «La metamorfosis»: sesenta años de error editorial. Durante más de medio siglo, la prestigiosa Editorial Losada reeditó La metamorfosis de Franz Kafka, anunciando en la portada la «Traducción directa del alemán por Jorge Luis Borges». Se convirtió en la versión escolar de referencia en todo el continente.. El investigador Fernando Sorrentino señaló que el texto estaba plagado de modismos y leismos en español ajenos al estilo borgiano. Al interrogar al escritor, Borges lo desmintió dando una brillante lección de cine: él sabía alemán y nunca habría traducido Die Verwandlung como «Metamorfosis», sino como «La transformación».. Losada simplemente había tomado una traducción anónima de la Revista Española del Oeste y había estampado el nombre de Borges para vender más. La entrada «Cinco libros que el mundo leyó atribuidos a Borges por error» se publicó por primera vez en El Diario – Bolivia.

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