El bloqueo no ha podido ni podrá rendirnos culturalmente

En los 65 años transcurridos desde entonces, las palabras de Fidel han seguido siendo el punto de referencia fundamental para nosotros a la hora de buscar soluciones y defender la viabilidad de la política cultural revolucionaria. Sin precipitarse y prestando atención a las opiniones de los participantes, propició un debate profundo y sensible durante tres días ante un numeroso público de escritores y artistas. . La entrada «El bloqueo no ha podido ni podrá rendirse culturalmente» apareció originalmente en Cubadebate.

 

En los 65 años transcurridos desde entonces, las palabras de Fidel han seguido siendo una referencia imprescindible a la hora de buscar soluciones y defender la viabilidad de la política cultural revolucionaria. Sin precipitarse y prestando atención a las opiniones de los participantes, propició un debate profundo y sensible durante tres días ante un numeroso público de escritores y artistas. . La entrada «El bloqueo no ha podido ni podrá rendirse culturalmente» apareció por primera vez en Cubadebate.

  

Foto: RHC. Palabras con motivo de la conmemoración del 65. º aniversario de las «Palabras a los intelectuales». Estimado Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer secretario del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, compañeros de la presidencia, artistas, escritores, intelectuales, compañeras y compañeros: Fue en estas mismas tierras, en nuestra Biblioteca Nacional, donde un día como hoy, en 1961, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana pronunció las Palabras a los intelectuales más importantes y esenciales. Surgieron del rico debate sobre la creación artística y literaria en el contexto de una revolución independentista triunfante, atacada desde sus orígenes por el imperio estadounidense. Escuchó con paciencia y entusiasmo todas las inquietudes, incluso los temores y las incertidumbres expresadas por una intelectualidad que se sumó a la marea revolucionaria con gran deseo de participar en las transformaciones sociales. ¿Cuál sería su papel en la sociedad y su espacio a partir de ese momento? El regodeo debería estar impregnado de altruismo para servir al pueblo, a quienes aprenderían a leer y escribir y tendrían acceso a las múltiples formas de conocimiento, en lugar de quedar abandonado a su suerte desde una torre de marfil. El reto era enorme. Y todo debía hacerse sin renunciar al verdadero arte ni a la libertad de creación. La cultura cubana no sería una copia de otros modelos. Nacería libre en la Revolución, heredera de poderosas tradiciones, en diálogo con el arte universal, pero siempre enamorada de lo cubano. Fidel puso en palabras los sentimientos compartidos por el auditorio:. . . «La Revolución es sinónimo de libertad (. . . ) La Revolución defiende la libertad, (. . . ) ha aportado al país una gran cantidad de libertades, no puede ser, por su propia esencia, enemiga de las libertades». Y no podría ser de otra manera ante las infinitas posibilidades de la campaña de alfabetización, la apertura de escuelas de arte, la apertura gradual de universidades por todo el país, el desarrollo de una industria cinematográfica, un amplio sistema editorial y, con el paso del tiempo, un potente sistema cultural accesible al público. Las fotos de la época son elocuentes: cientos de miles de adolescentes y jóvenes, lejos de sus hogares por primera vez, enseñaban a leer y escribir a los campesinos y a los habitantes más pobres de cada pueblo y ciudad. Algunos fueron asesinados por bandas violentas que operaban en regiones montañosas. Pero no solo enseñaban, sino que también aprendían; no solo se convertían en hombres y mujeres, sino que, al conocer las penurias de los más humildes, se convertían en auténticos revolucionarios. Antes, otros jóvenes, vestidos de milicianos, habían derrotado a los mercenarios en Playa Girón y uno de ellos, herido de muerte, había escrito con su sangre el nombre de Fidel como símbolo inequívoco de la Revolución. Nuestras madres se convirtieron en compañeras de milicia, de alfabetización y de trinchera de nuestros padres; la nación era una corrida de toros. Pero la batalla, la lucha de clases, fue intensa: decenas de miles de profesionales que se habían formado en una visión elitista de sus funciones, usufructuarios de un nivel de vida superior al del pueblo, en cierto modo colonizados por el estilo de vida estadounidense, abandonaron el país. Los que se quedaron transformaron la sociedad y se transformaron a sí mismos. Como dijo Fidel en agosto, durante la clausura del Congreso Constituyente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, esos intelectuales tendrían que sentir «la alegría del privilegio que supone ser escritor o artista, ser creador, en una hora de creación como esa». Lejos de cualquier restricción, Fidel esbozaría una política cultural abierta a todas las tendencias y a todos los creadores honrados: «Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada». Son los momentos iniciales de un largo camino de construcción colectiva, de aprendizaje mutuo. «La Revolución no puede renunciar a todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, que marchan a su lado —dirá en sus Palabras—, la Revolución debe aspirar a que todos los que tienen dudas se conviertan en revolucionarios». Y más adelante, establecerá el principio rector: «La Revolución solo debe descartar a quienes sean incorregiblemente reaccionarios, a quienes sean incorregiblemente contrarrevolucionarios». Por primera vez, los creadores cubanos más destacados de todas las manifestaciones y escuelas artísticas se reunieron en aquel encuentro de junio de 1961 en esta Biblioteca Nacional. Divididos en grupos afines, intentaron imponer su visión sobre el arte y la cultura. Los debates se desarrollaron con total libertad. Las palabras de Fidel sirvieron para disipar las dudas y zanjar las discrepancias. Fueron el preámbulo del Primer Congreso de Escritores y Artistas que, en agosto de ese mismo año, sirvió de escenario propicio para el surgimiento de la UNEAC. Allí se refirió Fidel a aquellos que se habían «quedado en la patria» y que, como creadores, estaban «produciendo y trabajando en nuestro país». El imperialismo intentaba drenar las capacidades intelectuales de la Revolución, atraer a sus médicos, sus ingenieros y arquitectos, y a sus intelectuales. Una política que, como sabemos, ha continuado hasta nuestros días. «Intentan seducirlos», dijo Fidel, «ofreciéndoles contratos halagadores para dejar a nuestro pueblo huérfano de técnicos, huérfano de profesionales y huérfano de intelectuales». Pero lo nuevo que surgió fue el incentivo de los revolucionarios: «Somos», dijo el Comandante en Jefe, «en este momento del país, el puñado de semillas que se siembran en el curso de la Revolución para forjar el futuro». El comienzo de este año, que, sin embargo, sigue presente en estos tiempos de crisis provocados por el bloqueo cada vez más intenso que desde hace casi setenta años ha endurecido a Cuba, endurecido en los últimos tiempos con el fin de asfixiar nuestra economía en sectores específicos como la energía, la inversión extranjera, el turismo. . . y la consiguiente afectación de nuestra cultura social, donde también es una prioridad. En aquel congreso fundacional de la UNEAC, se ratificó el camino de la unidad como la única vía segura para defender nuestra soberanía. . . . «La unión que ha prevalecido aquí», dijo Fidel, «es fruto de ese espíritu de entrega a la causa revolucionaria, de esa conciencia del valor de la tarea que cada uno tiene que realizar, de esa renuncia a las pasiones, de esa renuncia al egoísmo, al personalismo y a las ambiciones». Y se refleja en el reconocimiento, por primera vez, a los escritores y artistas del valor que merecen, que solo el pueblo podía otorgarles, que solo los más humildes podían otorgarles, que solo ellos podían otorgarles ese valor. «Entre esos 1 100 000 cubanos que aprendieron a leer y escribir, entre la humilde masa de sus hijos que continuaron estudiando en escuelas y universidades, surgirían nuevos lectores, nuevos espectadores y también nuevos creadores. Compañeros y colegas: En el socialismo que hemos construido, la economía es un medio para liberar al ser humano y crear las condiciones materiales que permitan el pleno desarrollo de sus capacidades espirituales. Armando Hart solía repetir que el hombre no vive solo de pan, pues sin filosofía, arte, religión ni vida espiritual, el ser humano pierde su mayor atributo: la cultura es la esencia misma de lo humano, y eso fue lo primero que él nos enseñó. Esta es la esencia y el sustento de la cultura del mambí que sigue luchando en cada uno de nosotros, de los versos de José Martí que viven en nuestro corazón y que se traducen de forma desigual, de la cultura expresada por las canciones de Silvio al describir las pasiones, los dolores y los sueños que nos inspiran; de la cultura que convierte el barrio en un escenario de esperanza; de la cultura que, desde las artes plásticas, se propone transformar la realidad y cuestionarnos; de la cultura cinematográfica, al estilo de Tomás Gutiérrez Alea (Titón), prodigiosa a la hora de cuestionar desde una vocación emancipadora. El bloqueo no ha podido —ni podrá— rendirnos culturalmente, porque nuestra cultura lo mantiene vivo, día a día, en las escuelas, en los talleres, en las calles, en los barrios. La cultura es lo que más duele al imperio, es esa sustancia inspiradora que nos hace invencibles. Sin duda, debemos seguir haciendo lecturas nuevas y enriquecedoras de esas «Palabras a los intelectuales». Así nos lo ha pedido nuestro presidente Miguel Díaz-Canel, consciente de su valor para defender la identidad y la independencia del país: «Hacer crecer y fortalecer la política cultural, que no ha ido más allá de las Palabras, y dotarla del contenido que los tiempos actuales nos exigen», ha sido su llamamiento. Y los creadores cubanos se esfuerzan cada día por resistir y crear en la Revolución. Durante los últimos días, en mesas redondas, artículos, conferencias y presentaciones de libros, hemos estado celebrando los 65 años de las «Palabras a los intelectuales», un postulado inicial de la política cultural revolucionaria. Hoy, como entonces, la patria sufre el bloqueo más inhumano, pero resiste y crea. El imperialismo, obsesionado con recuperar su dominio sobre la isla rebelde, amenaza incluso con la agresión armada. Hoy en día no existe un campo socialista tan poderoso como en la década de 1960, y los pueblos latinoamericanos han perdido en gran medida la fuerza que tenían sus gobiernos progresistas en las primeras décadas del nuevo siglo. Vivimos la peor crisis de la historia. Nos sostiene la cultura creada y que seguimos creando en condiciones adversas, los años de Revolución acumulados en nuestros corazones y mentes. Ella mantiene viva la historia, llena de páginas heroicas. Fidel sostiene que, en el año de su centenario, vuelve a repetirnos esas magníficas palabras que pronunció al término del primer Congreso de nuestros artistas y escritores: «¡Qué ingenuos son los cobardes! ¡Qué ingenuos son los incrédulos y los escépticos! ¡Qué ingenuos son aquellos que carecen de fe en el futuro y en la patria! ¿Y cómo van a vencer jamás los incrédulos a quienes creen en sus convicciones? ¿Cómo van a vencer jamás los escépticos a los optimistas? ¿Cómo es posible que los valientes que huyen nunca sean derrotados por aquellos que permanecen en sus posiciones? . Fidel, tus hijos serán capaces de resistir, crear y superar, y ese será el mejor homenaje que recibirás en tu centenario. ¡Qué orgullo haber nacido en un país tan pequeño con una historia tan grande! Al igual que Fidel, decimos ahora que «el trabajo de todos nosotros es el futuro» y podemos añadir que solo llegará si resistimos hoy. Los escritores y artistas reunidos el 30 de junio de 2026 en el mismo escenario que hace 65 años, y en representación de los miles que defienden el arte y la literatura cubanos, reafirmamos nuestra profunda vocación humanista, de servicio social y de compromiso con la independencia de la patria. Seguiremos creando en libertad y buscando siempre en la creación artística esa fidelidad a nuestra identidad que nos distingue en el mundo. ¡Viva Cuba independiente y soberana! ! ¡Viva Fidel! ! !

 Cultura – Cubadebate 

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