Tamariz luchó contra una magia dormida

El mago proclamó su arte y presionó para que se le reconociera plenamente. El «Manifiesto de la Escuela de Magia de Madrid» de 1971 constituye el ejemplo más concreto.

  

IN MEMORIAM: opinión. Texto en el que el autor defiende ideas y extrae conclusiones basadas en su interpretación de los hechos y las fechas. El mago reivindicó su disciplina como arte y luchó por su pleno reconocimiento. El ejemplo más claro es el «Manifiesto de la Escuela de Magia de Madrid» de 1971. El mago Juan Tamariz el 2 de noviembre de 2017. David Folgueiras: Tamariz no era solo ese mago tan diferente, simpático, divertido, melenudo y con un sombrero muy peculiar que todos hemos visto en programas de televisión populares o incluso hemos oído en espacios de radio. Tamariz reivindicó la magia como arte y luchó por su pleno reconocimiento. El ejemplo más claro es el «Manifiesto de la Escuela de Magia de Madrid» de 1971, cuya autoría compartieron los siete fundadores de la escuela, uno de los núcleos más importantes que ha contribuido a revitalizar la magia y a sacarla de los tiempos difíciles y tristes en los que, sin el reconocimiento del público, apenas sobrevivía en aquellos años. Arturo de Ascanio, Juan Tamariz, José Puchol, Juan Antón, Ramón Varela, Ricardo Marré y Camilo Vázquez lamentaban en el manifiesto que la magia se hubiera quedado muda. Incapaz de evolucionar, ya que se ponía de manifiesto que todo lo que Dai Vernon había inventado medio siglo antes seguía repitiéndose. Una magia, denunciaban, que no había evolucionado ni sabía cómo avanzar. Y reivindicaban una magia con ideas nuevas. Una magia que llegara al corazón del espectador. Sin el aliento del misterio, el público se empobrece y sale de espectáculos insulsos en los que, por centésima vez, aparece una paloma de manga. Tamariz y sus colegas se propusieron investigar nuevas ideas y metodologías, así como profundizar en los estudios psicológicos. Se trataba de hacer que la magia fuera más adulta y fomentar el intercambio entre magos. Más detalles al respecto incluyen a Tamariz y sus amigos, ambos tan importantes como Ascanio. Ahora que la neurociencia desentraña los mecanismos neuronales de la magia —como provocar el olvido o desviar la atención—, resulta que los grandes magos aplicaban estos recursos por intuición. Una magia que hace trucos, pero nunca engaña —como abusan los entrenadores—. El mago no engaña a la vista, sino al cerebro, incapaz de gestionar tanta información como la que recibe. Formaban parte del truco cuando Tamariz explicaba uno de esos chistes ingeniosos que no contaba solo por diversión. Tamariz estudió la historia de la magia. Hace años, en una reunión en Barcelona, me explicó que estaba a punto de viajar a Alemania para conocer un antiguo material fílmico sobre magia. Su voluntad de llevar la investigación más allá le llevó a fundar la editorial Frakson, llamada así en homenaje al ilusionista español de principios de siglo que, tras la Guerra Civil, se exilió a Estados Unidos, donde obtuvo la nacionalidad. Ramón Mayrata, antropólogo e historiador del arte del ilusionismo, fue un segundo impulsor del editorial. Otro ejemplo de esta dedicación fue su colaboración en la exposición que Jorge Wagensberg organizó en el Cosmocaixa de Barcelona en 2009, donde Tamariz, a través de un vídeo, enseñaba a los visitantes a realizar un truco de magia. La Escuela de Magia de Madrid revivió y dinamizó el universo del ilusionismo. La voluntad pedagógica de Tamariz sigue presente en la escuela de magia que dirige su hija Anna. El legado de Tamariz está claramente presente en la magia renovada y actual que se está desarrollando en la actualidad en España en diferentes ciudades. Una magia que no solo busca sorprender, sino que también triunfa en el caos y es capaz de crear un acto poético. Licenciado en Derecho y Periodismo, fue profesor de Historia del Cine en la UAB durante varios años. Trabajó en las secciones de cine de «Fotogramas», «Tele/Expres» y «El Periódico» y, durante más de treinta años, en «El País», donde, como subdirector, participó en la fundación de «Babelia» y «Cybercountry». Fue defensor de «El Lector». Normas › Mis comentarios se completarán con tu nombre y apellidos. Activa JavaScript para ver los & lt, a href = «https: / / disqus. com /? ref_noscript» rel=«nofollow»>, comentarios proporcionados por Disqus. Más información Archivado en Cultura, Obituarios, Magia, Juan Tamariz, Ilusiones. Si estás interesado en obtener una licencia para este contenido, haz clic aquí

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Tamariz no solo era ese mago, sino que también era muy diferente, simpático, divertido, melenudo y llevaba un sombrero muy peculiar que todos hemos visto o escuchado en las emisoras de radio. Tamariz defendió la magia como forma de arte y luchó para que se la reconociera plenamente. El Manifiesto de la Escuela de Magia de Madrid de 1971, cuya autoría compartieron los siete fundadores de la escuela, es el núcleo más significativo que ha impulsado la magia y la ha sacado de aquellos tiempos opresivos y deprimentes, sin el apoyo del público en general, que apenas existía en aquellos años. Sigue leyendo.

 

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