Esta monumental ciudad por la que pasaron todas las civilizaciones mediterráneas mantiene la esencia de pueblo y un turismo contenido. Su parador, un palacio andalusí en lo más alto de su comarca, asombra por su historia y sus vistas a la llanura interminable de Los Alcores
Sin entrar todavía en todo lo que tiene que ofrecer Carmona, el guía local Enrique Peña señala dos aspectos que hacen que esta localidad sevillana de 30.240 habitantes (INE, 2025) resulte muy atractiva de visitar: el turismo está contenido, está muy bien como está, si me preguntan prefiero que no la declaren Patrimonio Mundial por la Unesco, confiesa ante la admitida candidatura. La otra cuestión es que mantiene su carácter de pueblo, sus tiempos, todo es más lento, manejable, la porticada plaza de Abastos se ha transformado en un espacio más gastronómico y atrae público sin agobios, con algún puesto todavía cerrado. “Tenéis que entrar en la tienda Paco Vago, un colmado de 1924, está en las antiguas caballerizas del alcázar de la Puerta de Sevilla, que tiene su origen en el siglo IX a. C.”, insiste Peña a media tarde protegido con una gorra y un clip solar magnético que quita y pone a sus gafas de ver para atenuar la luz.—¿Qué pasa, vas a abrir ya? Tengo aquí a un periodista, enséñale… Dentro del paradorPosición dominanteEl parador de Carmona se ubica en el alcázar de Arriba, una fortificación de la época almohade que Pedro I mandó restaurar en el siglo XIV. Al conjunto se accede por un doble arco de herradura. Luce una policromía de la época muy bien conservada, se recomienda mirar arriba al atravesarlos. José Luis Picardo, el arquitecto, diseñó el hotel en 1976 como un homenaje al anterior palacio mudéjar y el alcázar original.Compartir espacioUn techo corredero protege el patio interior del sol durante el día y permite despejarlo cuando llega la noche. La fuente central acapara la atención de los clientes alojados y no alojados. En este espacio de relajación se sirve la carta de la cafetería. El muy decorado salón Bermejo, otra zona común, ocupa el espacio en el que se ubicaba la casa real. Donde hoy se emplaza el aparcamiento antes se encontraba el patio de armas.El todo por la parteLa torta del inglés es el plato más típico de Carmona. Es un dulce de hojaldre con cabello de ángel. Ahora existen otras versiones con otros rellenos. Un arqueólogo inglés, George Bonsor, que realizó sus trabajos a finales del siglo XIX siempre pedía esta tarta, lo que explica su nombre. Otro de los platos más icónicos es la alboronía, un pisto de otoño que lleva calabaza. Los garbanzos con espinacas también son muy sevillanos.Centro de todoEl voladizo de este palacio andalusí corresponde a algunas de las 63 habitaciones. Carmona se encuentra al lado de la A-4, lo que permite llegar a Sevilla en menos de media hora y a Córdoba, en una hora. Hay un tipo de cliente aficionado a la bici que se aloja en Carmona para disfrutar de las rutas llanas que facilitan la práctica de este deporte. El parador está adaptado para el cicloturismo: cuenta con taller y espacio de custodia. La pampa sevillana La piscina de verano está integrada en la gran llanura que domina el paisaje. La foto está tomada desde la terraza, una extensión de la cafetería, que cuenta con su propia carta de comida con clásicos como el serranito. La mitad de los clientes del parador son internacionales, en su mayoría de Inglaterra, Francia… Permanece abierto todo el año.La visita guiada por esta ciudad con 3.000 años de historia comienza en el parador, ubicado en el alcázar del rey Don Pedro o el alcázar de Arriba, como se conoce de forma coloquial. El hotel es un palacio construido en estilo andalusí en 1976 sobre las ruinas de una fortaleza musulmana del siglo XIV. Al encontrarse en la parte más elevada de la comarca de Los Alcores, la vista abarca toda la depresión del Guadalquivir y solo encuentra límite en la sierra de Grazalema, a cien kilómetros.La torre del Picacho de Carmona, un mirador a la planicie interminable de la comarca de Los Alcores.Víctor SainzFélix Lobo, de Sevilla capital, es el director del parador: “Las vistas desde la terraza es lo que más gusta. La gente de Carmona lo enseña a todo el mundo”, cuenta delante de un taco de presa ibérica glaseada con vino oloroso. “La llanura va cambiando de color a lo largo del año en función de los cultivos: girasol, cereal, algodón…”. Es campo, campo y más campo, impresiona la planicie, es muy grande, muy llana, es un paisaje humilde de tierras muy ricas; el mar o la montaña acaparan la atención, el que mira desaparece, pero esta explanada convierte a la persona en vigía. Es raro. No se puede dejar de mirar, no intimida, es amable; el mar y la montaña intimidan a veces, es lo desconocido, lo otro, cuidado. Esta vega fértil bajo la que se ha descubierto un sistema de minas por las que se canalizaba el agua hace 2.000 años pertenece al que está allí en lo alto, a veces ni siquiera mirando.Un centro histórico puro El guía, el director del parador, todo al que se le pregunte… coinciden en que el casco antiguo de Carmona mantiene la armonía, la esencia, las casas encaladas, las piedras en las calzadas; pero no es un decorado. Está vivo. El grueso de los carmonenses vive extramuros, pero hacen vida dentro. La primera visita de los que se hospedan en el parador, dice Lobo, suele incluir Sevilla (a media hora en coche) y Córdoba (a una hora). Los que repiten ya se acercan a Écija, Osuna o le dedican más tiempo a Carmona.Una mujer camina con sus dos hijos pequeños por una calle en cuesta de casas blancas en dirección al barrio de San Felipe. Uno de los niños lleva la camiseta del Real Madrid. “Hoy en día se ven de cualquier equipo. Pero en Carmona la gente es del Betis o del Sevilla”, cuenta Peña, licenciado en Ciencias Ambientales y guía desde hace nueve años. La iglesia de San Felipe, de estilo gótico-mudéjar, alberga el tercer cristo más antiguo de Sevilla que sale en procesión, presume. Hay muchas formas de medir la importancia de las cosas.Actividades para todos en un entorno naturalVisitas culturales, turismo sostenible, dinamización del lugar… Cómo sacarle el máximo partido a la zona en la que se ubica el parador de CarmonaCarmona, un reino de taifas independiente en los siglos XI y XII, mantuvo rivalidad con el de Sevilla. La relación con la capital de Andalucía ahora es la de una cabecera de comarca que manda a sus hijos a estudiar, que acude al cine a ver los estrenos. Para el turista, la gran referencia con respecto a Sevilla es la tardogótica iglesia prioral de Santa María, concebida como una catedral a imagen de la seo hispalense. Se levantó sobre la mezquita mayor y todavía conserva el patio de naranjos para las abluciones, en el que los fieles se purificaban con agua hasta 1247, cuando Fernando III conquistó la ciudad. En una de las desiguales columnas de este recibidor se mantiene inscrito en piedra un calendario visigodo. Peña, seco de hablar y del sol, aprovecha para dar un trago de un búcaro (o botijo) que aguarda a la sombra detrás de una garita (la visita cuesta 3 euros, hay mucho que ver): Dios entra(ba) por las vidrieras en forma de luz violeta, el retablo es un cómic de la vida de Jesús. “Cuando Carmona se compara con otras localidades de la zona se siente como una ciudad, pero si se mira en Sevilla es un pueblo”, cuenta Peña.Nobles y órdenes religiosas con tierras abundaban en Carmona. Cuatro conventos se mantienen abiertos, cuenta Peña en la plaza de San Fernando (o plaza Alta). Viviendas del siglo XVII y XVIII cierran el recinto en lo que era el antiguo foro romano. En esta plaza de estilo castellano los turistas se paran delante de la casa mudéjar, decorada con azulejos y ventanas de medio punto.La iglesia prioral de Santa María, de estilo tardogótico, concebida como una catedral a imagen de la seo de Sevilla.Víctor Sainz“Carmona vive una segunda primavera en octubre”, indica Peña. Existe un plato para esta época, la alboronía, “un pisto de otoño”, describe, con calabaza y comino. En el parador se pide mucho porque el cliente (el inglés, el francés, el madrileño, el que sea) prefiere romper la yema de un huevo frito encima de una cama de verduras de temporada que de una tostada de aguacate. La cafetería del hotel cuenta con una vitrina en la que se exhiben dulces. Se hace mucho uso de las instalaciones del parador, y a media tarde puede entrar hambre, ganas de tomar un café, ¿qué lleva la torta inglesa?, preguntan los clientes, es un hojaldre con cabello de ángel que siempre pedía el inglés George Bonsor (más conocido como Jorge Bonsor, es el humor), un arqueólogo que compró los terrenos en los que se ubica la necrópolis romana en 1881 para su estudio y transformación en un museo todavía en activo.. “Hay una vía verde que cruza la comarca de Los Alcores. A mí me gusta ir en bici de montaña, pero también hay gente andando. Atraviesa varios pueblos, se ven los campos de girasoles, una mina romana de piedra… Va de Carmona hasta Alcalá de Guadaíra. Unos 20 kilómetros.”. Rafael Cortés. Jefe de comedor 21 años en Paradores. “Con la llegada del frío se forman unas nubes bajas que cubren parte de la muralla y envuelven al parador. Te las sueles encontrar al subir por la calle de Extramuros de Santiago por la mañana temprano. De camino hay un mirador en el que parar y hacer una foto bonita.”. Marta Díaz. Jefa de Administración 22 años en Paradores. “Constantina se encuentra a menos de una hora, en la sierra Norte de Sevilla, la puerta de Sierra Morena. En época de lluvias está espectacular, hay unas canteras de hierro muy bonitas de ver, también está el nacimiento del Huéznar. Es una zona que no se nombra mucho.”. Alberto Ávila. Jefe de cocina 33 años en Paradores. Peña pertenece al equipo formado por espeleólogos, geólogos y arqueólogos que investigan una red de minas de agua de época romana que abastecía a Carmona. “Me meto en 20.000 berenjenales”, dice el guía, de 40 años y con dos hijos, carmonense, no para de saludar a todo el que se cruza. Es el alma de pueblo de Carmona, de nuevo. Un tramo del acueducto subterráneo puede verse en las instalaciones de la destilería Puerto de Indias. Rocío Gómez, directora del Centro de Visitantes y Experiencias de esta empresa de renombre, deja para el final la sala de catas en la que se encuentra el canal bajo tierra.Una galería subterránea por la que se canalizaba el agua en época romana, en la destilería Puerto de Indias.Víctor SainzEsta destilería ubicada a las afueras de Carmona creó en 2013 una ginebra rosa hecha con fresas y cambió el consumo de esta bebida. Eran tiempos de la copa de balón, el cáliz de un nuevo credo en el que nadaban incómodas cosas de colores. Esos excesos se corrigieron. La parte buena de la sofisticación es la que ha permanecido, el criterio, el gusto, el momento, la forma de preparar el gin tonic, tan inglés, tan español más bien desde hace una década. Puerto de Indias elabora al año siete millones de botellas y tiene 11 referencias. Una de ellas es la 0,0, y la forma en la que se prepara una copa sin alcohol es la misma. Gómez apunta un aspecto no tan conocido: se debe añadir la piel del cítrico porque es donde se encuentran los aceites esenciales y porque la pulpa absorbe el carbónico, el gas. La tónica siempre debe estar fría para que no se agüe el cóctel. Las medidas: cuatro de refresco por una de ginebra…Tres amigos ingleses toman en este caso un spritz en la terraza del parador una tarde de finales de septiembre. Qué más da la bebida. Lo importante son las vistas.Andalucía, en 16 paradores
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Sin entrar todavía en todo lo que tiene que ofrecer Carmona, el guía local Enrique Peña señala dos aspectos que hacen que esta localidad sevillana de 30.240 habitantes (INE, 2025) resulte muy atractiva de visitar: el turismo está contenido, está muy bien como está, si me preguntan prefiero que no la declaren Patrimonio Mundial por la Unesco, confiesa ante la admitida candidatura. La otra cuestión es que mantiene su carácter de pueblo, sus tiempos, todo es más lento, manejable, la porticada plaza de Abastos se ha transformado en un espacio más gastronómico y atrae público sin agobios, con algún puesto todavía cerrado. “Tenéis que entrar en la tienda Paco Vago, un colmado de 1924, está en las antiguas caballerizas del alcázar de la Puerta de Sevilla, que tiene su origen en el siglo IX a. C.”, insiste Peña a media tarde protegido con una gorra y un clip solar magnético que quita y pone a sus gafas de ver para atenuar la luz.Seguir leyendo
