Antonio Muñoz Molina reconstruye en un libro el paisaje humano y emocional de su infancia

El autor y académico protagonista de «Entre Úbeda y Magina», la tierra donde nacieron libros como «Beatus ille», «El jinete polaco», «El viento de la luna» y «De vuelta a donde».

  

Antonio Muñoz Molina nació una fría noche de enero de 1956 en una «burrilla» de la calle ubetense Fuente de la Risa, cuyo nombre siempre ha considerado el más bonito del mundo. «Hacía tanto frío en la habitación y tú eras tan pequeño que pensamos que te ibas a morir (. . . ) Pensamos que el techo iba a salir volando. Era el año de la gran helada. La mitad de los olivos de Magina se congelaron. La vaca que teníamos murió y el ternero se murió de hambre». El día que nací es un capítulo en el que la escritora y estudiosa de Úbeda (Jaén) rememora las vicisitudes que dieron a conocer su lugar al mundo. En *Entre Úbeda y Magina*, una biografía íntima y luminosa que la Fundación Huerta de San Antonio ha publicado a través de su colección editorial Juanhoras Arte, Molina se adentra ahora en el territorio donde se publicaron por primera vez muchas de sus novelas. El libro, que el propio escritor ubetense presenta este viernes en el centro cultural de la iglesia de San Lorenzo, reúne una selección de textos extraídos de novelas, ensayos y artículos escritos a lo largo de varias décadas, en los que Muñoz Molina reconstruye el paisaje humano y emocional de la Úbeda que marcó sus primeros años. A través de escenas cotidianas, personajes populares, oficios tradicionales e historias familiares, el escritor vuelve a la memoria de una ciudad que se transformó, literalmente, en Magina, el territorio fundamental de su universo narrativo. Los huertos, las aceitunas tempranas, la matanza del cerdo, el murmullo del agua o las conversaciones junto al brasero forman parte de un mundo que atraviesa algunas de las obras más reconocidas del autor, entre ellas *Beatus Ille*, *El jinete polaco* o *El viento de la luna*. Más allá de la memoria personal, *Entre Úbeda y Magina* es una reivindicación de la memoria colectiva y de la dignidad de las vidas anónimas que conforman la historia de una comunidad. Las palabras que conforman este libro proceden de diferentes obras y momentos vinculados a la infancia de Antonio Muñoz Molina, pero todas giran en torno al mismo territorio, o mejor dicho, a su territorio real (Úbeda) y al imaginario (Magina). «Úbeda está en los mapas y en el tiempo presente, Magina es un lugar de mis libros y de mi pasado, y en Magina soy el único dueño y señor», escribió el escritor ubetense, quien justifica la elección de Magina como icono literario porque en ese nombre se encierra el único paisaje de lejanía que conoció durante la mayor parte de su infancia y adolescencia: «el valle del río, la sierra alta y azul tras la cual imaginaba los mares y las extensiones inalcanzables del mundo», en el que lo más bello de la iglesia de San Lorenzo y de «lo que ha llegado hasta las raíces de este espacio y de la gente de la época de la ciudad de la ciudad y de la ciudad de San Lorenzo, donde se ha encontrado», y donde está toda la ciudad de la ciudad de la ciudad, «y la ciudad de San Lorenzo», ha sido en la que se ha encontrado, «y donde está toda la ciudad de la ciudad de la ciudad». Uno se preparaba para una forma de inmersión aún más intensa que la de una lectura cuando se apagaban las luces del teatro. «También marca la llegada de Muñoz Molina a la mayoría de edad» en un país donde todos los relojes parecían haberse detenido. «Allí, en esa Úbeda donde la dictadura dio sus últimos coletazos, alimentó su espíritu antifranquista escuchando los discos de Jim Morrison, así como los de Quilapayún, Víctor Jara y Paco Ibáñez», reza la declaración. Los ecos de la rebelión vital de la música pop llegaron desde California a las ciudades de la provincia española, alimentando un semillero que se mantenía en secreto pero muy activo, bajo la apariencia de conformidad con el régimen, al menos tanto como la costumbre del miedo. «El libro contiene una recopilación de textos, seleccionados de novelas, ensayos, periódicos y artículos de prensa, en los que aparecen la ciudad real y la ciudad inventada. Muchos de ellos son artículos publicados en El País, en los que el escritor vuelve una y otra vez a los paisajes de su infancia y a las huellas del pasado, u otros textos como «Regreso a Úbeda», escrito para RNE y recogido en *Escrito en un instante* (1997), o «De Nochevieja a San Antón», que apareció en la revista Overtable». Aquí se recogen momentos de la infancia y la juventud de Antonio, experiencias, retratos de amigos y familiares; en estos textos se dibuja el discurso, se verbaliza el silencio, se recoge la cosecha, se siente la muerte, la presencia constante de la familia, la vida de la familia, la familia, la vida de la familia, la vida de la familia, la vida de la familia, la familia, la vida, la vida de la vida de la familia, la familia, la vida, la vida de la vida de la familia, la vida de la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la vida, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia, la familia. En palabras del propio Muñoz Molina, «decir la verdad sobre lo que uno ha vivido es una obligación cívica» y sostiene que el pasado «se inunda muy fácilmente de ignorancia y mentiras, y solo una comunidad capaz de hablar con sus muertos puede considerarse verdaderamente civilizada». Y añade: «Nuestra tarea —como lectores y herederos de esa memoria— es dar testimonio de lo que hemos visto y transmitir lo que nos contaron, para que el relato de la historia no quede completamente borrado». La voz biográfica que acompaña estas páginas procede de su propio blog y del diálogo recogido en *Diez horas con Antonio Muñoz Molina*, de Jesús Ruiz Mantilla (2022). Detrás de cada una de estas páginas late la misma conciencia del oficio. Según Muñoz Molina, «el periódico es un libro que siempre se está escribiendo, y la urgencia de la prensa enseña una forma de disciplina y de verdad: la literatura nació en los periódicos, donde la palabra debe ser inmediata sin perder el honor». «No es solo un relato de experiencias personales, es también un canto a la memoria colectiva y una reivindicación de lo que Muñoz Molina denomina la épica de lo cotidiano. Se trata de contar la verdad de unas vidas que, al no haber sido escritas, corren el riesgo de desvanecerse como si nunca hubieran existido», resume la Fundación Huerta de San Antonio, editora de *Entre Úbeda y Magina*. La publicación forma parte del proyecto cultural y patrimonial que la Fundación Huerta de San Antonio lleva desarrollando desde hace más de una década en torno a la recuperación de la iglesia de San Lorenzo y la preservación de la memoria histórica y social del barrio.

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En una fría noche de enero de 1956, Antonio Muñoz Molina nació en una burrilla de la calle Fuente de la Risa, nombre que él siempre ha considerado el más bonito del mundo. Creíamos que el techo iba a salir volando porque hacía tanto frío en la habitación y tú eras tan pequeño que pensábamos que te ibas a morir. Era el año de la gran helada. La mitad de los olivos de Magina se helaron. La vaca que teníamos se quedó sin comida, y el ternero se moría de hambre. El día que nací es un capítulo en el que el escritor y erudito de Úbeda (Jaén) rememora las vicisitudes que trajeron su lugar al mundo. Seguir leyendo

 

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