La banda californiana hará una gira por España en primavera para celebrar su aniversario con un sonido potente y letras sociopolíticas perspicaces. Greg Graffin y Brett Gurewitz, compositores y fundadores, hablaron con nosotros.
¿Puede tener razón el punk? En estos tiempos extraños algunos sectores de la ola reaccionaria internacional quieren enarbolar la bandera del punk, que va contra el gobierno, contra el establishment, contra las normas sociales establecidas. . . pero de una forma un tanto rara. «No hay nada conservador en el punk, nunca lo ha habido y nunca lo habrá», dice Brett Gurewitz, miembro de la banda estadounidense Bad Religion. «Siempre ha habido fascistas, o los cabezas rapadas nazis con sus perras esvásticas, intentando colarse en el movimiento. De hecho, los Dead Kennedys hicieron esa canción Nazi Punks Fuck Off (algo así como» Punkis Nazis: Jodeos»). Los movimientos de la derecha alternativa y autoritaria se han organizado y han crecido mucho, por desgracia, pero no tienen nada que ver con el punk», añade el músico. Comparten por videoconferencia dos de los fundadores de Bad Religion, que ya pecan de canciones: la banda tiene 45 años. Greg Graffin, 61, litrista e cantor, escritor, biólogo, antropólogo, que conecta desde Nueva York, donde enseña Evolución en la Universidad de Cornell. Además, el guitarrista y compositor de 63 años Brett Gurewitz, también conocido como Mr. Brett, se conecta desde Los Ángeles, donde es el propietario de la legendaria Epitaph Records. «Mirando hacia atrás como gratitud. He estado haciendo canciones desde que tenía 17 años: es muy raro encontrar algo que realmente te pone y te puede dedicar a ello. Muy pocas personas en este planeta tienen esa suerte, dice Mr. Brett. «Es increíble que nos hayamos podido dedicar a esto. La verdad, no lo planeamos así», añade Graffin. Más informaciónGreg Graffin, de Bad Religion: «El mayor problema del mundo es la ignorancia «El punk, esa explosión de energía juvenil, está llegando a una edad. Se suele citar 1977 como año fundacional, cuando los Clash y los Sex Pistols publicaron sus primeros discos desde el Reino Unido (los Ramones, en Nueva York, se habían adelantado unos meses), y el movimiento causó escándalo mundial entre los biempensantes al extenderse como un incendio entre la juventud. Sólo tres años después, en Los Ángeles, California, se fundó otra banda seminal del género, Bad Religion, que combinaba el hardcore y las letras escurridizas, pero melódicas, con una inteligente crítica social. Ya en su primer compás trataron temas que siguen vigentes: la amenaza tecnológica, la ansiedad generalizada, el cuestionamiento de la idea de progreso o de libertad mal entendida individualmente. Debutaron en un almacén vacío, llamándose Distorsión Social. Su logotipo, un crucifijo tachado, se hizo habitual en los punks, hardcore y skaters. Con el paso del tiempo, en los noventa, el punk californiano vivió un bajón global sintonizado en el éxito de bandas como Green Day (ahora convertida en banda de estadio) y Offspitz, que también tuvo entre sus principales protagonistas a NoFX, Rancid o Bad Religion Jeff Kravitz (FilmMagic) Bad Religion siguen al pie del cañón y no echan el freno ni con su apisonadora sónica ni con su afán de enfrentarse al mundo en sus letras. Este año celebran los 45 con una gira española que les llevará en primavera por diferentes ciudades: Bilbao, A Coruña, Madrid, Málaga, Valencia y Barcelona, con parada también en Lisboa. Llevarán con ellos a otras bandas, como en un pequeño festival: Agnostic Front (clásicos del hardcore old school neoyorquino) Strung Out, Crim y Belvedere. Siete conciertos en nueve días: no está mal para cuatro décadas y media sobre las tablas. Hacen bueno el viejo eslogan: El punk no ha muerto.. En una fiesta de fraternidad de la USC, Bad Religion tocando en directo. Los miembros de la banda aparecen de izquierda a derecha: Brett Gurewitz, Greg Graffin, Jay Ziskrout y Jay Bentley. Gary Leonard (Corbis via Getty Images) La banda se formó en el instituto (de inquietante nombre) The Royal Way, en Los Ángeles, entre los cuatro punkis que allí había. Escuchaban a los Ramones, los Sex Pistols, los Buzzcocks. ¿Qué recuerdan entonces? Greg Graffin. Ahora es difícil entender lo raro que era ser punk rocker. Todos los que escuchaban a Led Zeppelin pensaban que el punk iba a arruinar su adorada música de los 60. Nunca lo vimos así, pensábamos que el punk era moliente e inspirador. Y eso que yo nunca tuve pinturas muy punki, siempre fui muy normcore. Brett Gurewitz. Bueno, yo creo que Greg sí parecía punk con su chupa de cuero y su pelo negro. El que no parecía punk era yo: era un negro muy delgado, que me inspiró Joey Ramone. Pronto me di cuenta de que no podía llevar el pelo largo en la escena hardcore de Los Ángeles]risas]. P. No está claro que el punk siga estando entre los géneros favoritos de la juventud contemporánea, ahora embarcada en las corrientes de la música urbana, véase el trap o el reggaeton. B. G. No olvidemos que cuando nació el punk, el rock n ‘ roll era un género aún muy joven. Creo que los jóvenes respetan mucho el punk, conocen a los Clash, a los Stranglers y tienen mucha mala religión. Creo que el punk es la rama más seminal del rock, a partir de ahí viene el postpunk, el gótico, el punk mezclado con funk, influye la electrónica. . . . Es un punto de inflexión muy importante para la música. P. ¿Lo saben los jóvenes? B. G. Creo que sí, porque hoy toda la música está al alcance de un clic. Los jóvenes no escuchan punk, escuchan muchos géneros. Punk, pero también pop, minimal techno, indie o metalcore. La escena antes era más cerrada, no podías decir que te gustaba otra música. Era prácticamente ilegal decir que te gustaban los Grateful Dead. El cantante Greg Graffin y el guitarrista Brett Gurewitz, de la banda Bad Religion, durante el concierto de la segunda jornada del Primavera Sound Festival de 2023. Marta Pérez (EFE) En sus 45 años de carrera, Bad Religion ha facturado 17 álbumes. Su legendaria etapa de finales de los 80 incluye Suffer (1988), No Control (1989) y Against the Grain (1990). Más tarde llegaron otras grabaciones, como Generator (1992) o Stranger Than Fiction (1994). Y otra trilogía legendaria (con el regreso de Gurewitz a la banda, tras un par para centrarse en Epitaph) que fueron The Process Of Belief (2001), The Empire Strikes First (2003) y New Maps Of Hell (2007). Su última entrega, The Age of Unreason (2019) también es sobresaliente. Además del sonido compacto, con piñón fijo y guitarras afiladas, siempre ha sido distintiva la cálida voz de barítono de Graffin, sus letras inteligentes y los coros épicos de la banda (una armonía vocal que ellos llaman oozin ‘ aahs). Graffin no se saca las canciones de la cabeza, siempre va con las melodías por dentro y cada historia o noticia que ve es susceptible de convertirse en tema. Es su forma de aprehender la realidad. Entre sus temas habituales, la crítica social, la preocupación por la tecnología, la reivindicación del pensamiento crítico frente a la ignorancia o, por supuesto, como indica el nombre de la banda, el rechazo a la religión. Como sus letras nunca trataron especialmente sobre sexo, drogas y diversión juvenil, el tiempo no les ha hecho parecer raros con la edad. Qué obsesión por transformar el mundo en canciones. G. G. Sí, siempre estoy cantando en mi cabeza. No sabemos por qué cantan los pájaros, tienen genes que los hacen musicales: yo debo de tener uno de esos genes. Muchas de sus cartas han sido proféticas. Y muchos de los temas que han denunciado han ido a peor. ¿No es eficaz el punk? G. G. No creo que sea profético, sólo soy un observador atento de la condición humana, de las cosas universales, por eso algunas cosas se dicen realmente en las canciones. B. G. Creo que el punk funciona. Recibimos muchas cartas de gente que nos dice que cambiamos su forma de ver el mundo, que las preguntas que suscitan nuestras canciones le han ayudado a ver las cosas de otra manera. La forma de cambiar las cosas es cambiar las mentes. Concierto de Bad Religion en su primera etapa. X cuenta de Bad ReligionP. Greg, tú eres científico, ¿qué opinas de las actuales corrientes anticientíficas? G. G. Creo que hay una corriente de antiintelectualismo, fuera del campus y, aunque parezca mentira, también dentro. Y se ha generado una idea de resistencia. A mucha gente le gusta la idea de resistencia, pero se resiste a lo bueno y defiende lo malo. Pero yo soy optimista: creo en la posibilidad de una buena educación y un buen uso de Internet, evitando la desinformación. Es difícil ser optimista sobre muchas cosas. Vivimos en un mundo que parece al borde del colapso. G. Cualquiera que tenga hijos, como nosotros, tiene que ser optimista. No le diría a la gente que fuera abierta de mente si no creyera que hay un buen camino hacia el futuro. Aunque dar nuestro poder de decisión a un ordenador no me hace ser tan optimista. Creo en la capacidad de las personas bien formadas para tomar las decisiones correctas. B. G. Soy optimista y cínico. Pero no es lo mismo que un pesimista cínico. Los cínicos identifican los problemas y les aplican humor e ironía. Y disfrutan con los problemas, porque la vida son problemas. ¿Cómo puedes disfrutar de una vida sin problemas? Incluso el arte es resolver problemas. Los problemas son inevitables pero se resuelven, así que soy optimista. ¿Puedo equivocarme? Sí. Puede que al final nos destruyamos a nosotros mismos por nuestra propia arrogancia.
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¿Puede el punk tener razón? En estos tiempos extraños, algunos miembros de la ola reaccionaria internacional quieren ondear la bandera del punk, que está en contra del establishment, del gobierno y de las normas sociales establecidas, pero de una forma un tanto inusual. Según Brett Gurewitz, miembro de la banda estadounidense Bad Religion, «no hay nada conservador en el punk, nunca lo ha habido y nunca lo habrá». «Siempre ha habido fascistas intentando entrar en el movimiento, o los cabezas rapadas nazis con sus zorras esvásticas. De hecho, los Dead Kennedys escribieron la canción Nazi Punks Fuck Off (en lugar de «Nazi Punkis: Jodeos»). Los movimientos de la derecha alternativa y autoritaria se han organizado y han crecido mucho, por desgracia, pero no tienen nada que ver con el punk», añade el músico.