Cuarenta años moviendo los hilos

La Fira de Titleles de Lleida honra sus cuatro décadas de vida creando universos hechos de hilos, varillas, madera y tela. Fundación Reale se reafirma como Mecánicos de Honor en una » cumbre» que ha convertido a la ciudad en uno de los escenarios internacionales más importantes del teatro de marionetas.

  

Los títeres tienen algo especial: hacen reír a los niños y desarman a los adultos. Cuentan historias que acarician, sorprenden y a veces dicen en voz baja lo que cuesta oír en voz alta. Siguen tan vivos porque conectan con algo muy sencillo y profundamente humano: la emoción. Ese es el espíritu que impulsa la Fira de Titelles de Lleida. Un festival que, con el paso de los años, se ha consolidado como una de las grandes citas del teatro de títeres en España. Es un evento internacional, un acontecimiento escénico imprescindible, un mercado profesional y, al mismo tiempo, una fiesta que transforma la ciudad cada primero. Este año, además, la edición ha tenido un significado especial: la 37ª Fira ha coincidido con el 40 aniversario del Centro de Titelles, promotor y alma del proyecto. «Ha sido una oportunidad para echar la vista atrás y tomar conciencia de la trayectoria y de todas las personas que la han hecho posible», explican Elisabet Vallvé y Oriol Ferre, directores del Centre de Titelles. Se trata de una actividad paralela a la Fiesta Mayor de Lleida. Un pequeño gesto en medio de una gran celebración que ha crecido hasta convertirse en una fiesta para la ciudad. REALEUn año más, Fundación Reale participó como Mecenas de Honor de la Fira, para apoyar un proyecto que hace de Lleida un punto de encuentro entre profesionales y público. Su apoyo se enmarca dentro de Cultura con Impacto, la iniciativa con la que impulsa proyectos culturales capaces de generar valor social y fortalecer el tejido comunitario. Nació como una actividad paralela a la Fiesta Mayor de Lleida, como un pequeño gesto dentro de una gran celebración, cuando la tradición sirve para dinamizar La Fira. Pero creció, evolucionó y acabó convirtiéndose en un referente dentro del sector. «No ha dejado de evolucionar hasta llegar a lo que es hoy», Vallvé y Ferre. Este año, el certamen ha reunido a 27 compañías, con 29 espectáculos y casi una veintena de estrenos. Las opciones de programación van desde el encuentro familiar hasta el público adulto. Entre los momentos más destacados, Sabotage, de la compañía alemana Sara Angius & amp, Johanna Ehlert: una pieza que abrió la edición en la Llotja y que fusiona danza y marionetas de tamaño humano. Precisamente ese diálogo entre lo clásico y lo contemporáneo es una de las señas de identidad de la Fira. «Buscamos propuestas innovadoras, pero sin perder de vista las técnicas tradicionales que explican de dónde venimos», señala el responsable de la institución. La marioneta de guante, las sombras, los hilos y los lenguajes visuales más experimentales conviven en un festival que entiende la memoria artesana como punto de partida para explorar nuevos caminos. Lleida, ciudad escénica La proyección internacional de la Fira ha ido creciendo con el tiempo. Compañías de seis países y profesionales de tres continentes han acudido a esta edición. La cita es un punto de encuentro para creadores, programadores y públicos de muy diversos lugares, durante esos días Lleida se llena de acentos, estéticas y miradas diversas que enriquecen el diálogo artístico. Ha sido una oportunidad para echar la vista atrás y tomar conciencia del camino recorrido y de todos aquellos que lo han hecho posible. Elisabet Vallvé y Oriol Ferre, directores del Centre de TitellesA esta dimensión exterior se suma un programa de residencias artísticas en colaboración con el Festival Casteliers, de Montreal, Canadá, que amplía la proyección de la Fira y tiende puentes entre creadores de distintos territorios. Porque la feria no se limita a mostrar espectáculos: también acompaña procesos, impulsa nuevos artistas y alimenta la evolución del oficio. Una feria que abraza la ciudad más allá de su impacto profesional, la Fira ha construido un profundo vínculo con el ciudadano. «Muchos vecinos la sienten como propia, después de 37 años, hay familias que empezaron a venir desde niños y ahora vienen con sus hijos», cuentan Elisabet Vallvé y Oriol Ferre. Esta continuidad generacional es uno de los mayores logros del proyecto. Y ese arraigo puede verse en la forma en que el ritmo de la ciudad cambió en aquellos días, en las plazas, en las calles. Este año, los espectáculos han ocupado 22 espacios -desde la Seu Vella hasta el Museo del Moro- y un centenar de funciones han hecho de Lleida un escenario vivo, donde el diálogo patrimonial con las artes escénicas y la ciudad muta en un gran teatrillo compartido. Títeres con vocación social En los últimos años, la dimensión social de la Fira ha cobrado fuerza. Ya no es sólo un festival: es una red que se despliega por la ciudad y llega a lugares donde a veces la cultura tarda más en llegar. Las iniciativas inclusivas, la colaboración con entidades sociales y las actividades en escuelas, residencias de ancianos y prisiones han ampliado su impacto y significado. La 37ª edición ha coincidido con el 40 aniversario del Centro de Titelles, promotor y alma del proyecto. Los programas de REALEAccesibilidad -como funciones en lengua de signos catalana o espectáculos sin texto- y la solidaridad con el Banco de Alimentos y el Banco de Sangre completan una mirada comunitaria que entiende la cultura como espacio de encuentro, cuidado y participación. Los responsables del proyecto lo resumen de la siguiente manera: «El teatro no sólo entretiene, debe interpelar, incomodar y hacer más crítico y sabio al espectador». Alianza que multiplica el impacto En este ecosistema creativo y comunitario, el apoyo de Fundación Reale como Mecenas de Honor se convierte en decisivo. Su implicación encarna el espíritu de su proyecto Cultura con impacto: entender la cultura como motor de empleo, cohesión y transformación positiva del territorio. «La colaboración con entidades como Fundación Reale es muy importante para proyectos como la Fira, porque nos permite reforzar y dar continuidad a iniciativas que van más allá de la exposición artística», concluyen Elisabet Vallvé y Oriol Ferre. A través de esta alianza, la Fira amplía su dimensión social y consolida una red cultural fuerte, abierta y sostenible que beneficia tanto a la ciudadanía leridana como al tejido creativo nacional e internacional.

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Las mascotas tienen una capacidad única para hacer reír a los niños y excitar a los adultos. Cuentan historias que acarician, sorprenden y, de vez en cuando, dicen en voz baja lo que hace falta oír en voz alta. Siguen tan vivos porque tienen una conexión directa con la emoción, que es tan sencilla y profundamente humana.

 

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