Deborah Warner, directora de escena: “Shakespeare nos lleva muchos años de ventaja”

El Teatro Real se convierte en el gran escaparate internacional de las óperas de Britten con el estreno de su nuevo montaje «El sueño de una noche de verano», que sigue a sus célebres lecturas de «Billy Budd» y «Peter Grimes».

  

Cuesta creer que la directora inglesa Deborah Warner (Oxfordshire, 66 años), toda una autoridad en Shakespeare, no se haya enfrentado hasta ahora al texto de El sueño de una noche de verano. «La explicación es sencilla y tiene que ver con mi primera experiencia como espectadora», dice tras un ensayo en el Teatro Real. «A los nueve años vi en Bristol la histórica producción de Peter Brook y decidí que quería hacer esto». Salió de aquella función con ganas de hacer teatro y la certeza, compartida por muchos directores de su generación, de que había poco que añadir al «deslumbrante sueño» brookiano. Más detalles sobre sesenta años después, según Warner, que encontró en la adaptación operística que Benjamin Britten escribió para el Festival de Aldeburgo de 1960 la «excusa perfecta» para saldar su particular cuenta pendiente. «Han sido muchas semanas de ensayos intensos, con algunas dudas al principio, hasta que se descubre que la obra no es blanca o negra, sino una infinita gama de matices», dice sobre el nuevo montaje de El sueño de una noche de verano que estrena mañana en el Coliseo madrileño. «Ahora creo que puede ser la ópera más asequible de Britten, pero hace un mes no estaba tan claro», afirma. Fue el propio compositor, de cuya muerte se cumplirá medio siglo en diciembre, el encargado de escribirla en un tiempo récord. En el transcurso de unas pocas semanas, con la ayuda de su socio, el tenor Peter Pears, redujo el texto original casi a la mitad. «Recortaron mucho y reorganizaron el complejo laberinto de la trama, pero sin alterar la esencia de esta sensacional comedia», afirma Warner. «De hecho, en toda la ópera sólo encontramos una línea que no salga de la pluma de Shakespeare, cuya escritura, por cierto, está cargada de música, la del exigente verso yámbico». Deborah Warner frente al Teatro Real de Madrid: «Hay directores que vienen al teatro con el salvavidas puesto, pero yo prefiero tirarme al agua sin saber si voy a andar o no». Con sus imaginativas reseñas de los clásicos, Warner se ganó al público tras ser aceptado en el Festival Fringe de Edimburgo y en la Royal Shakespeare Company. Su Ricardo II con Fiona Shaw en el papel del rey, su Midea en clave psicológica o su lectura radical de La escuela de la momulación llevan la marca de un estilo que no duda en arriesgarse. «Hay directores que vienen al teatro con el salvavidas puesto, pero yo prefiero tirarme al agua sin saber si me mantendré en pie o no», presume. «Me gusta explorar sobre la marcha con los actores y, si aparece una buena idea, la sigo aunque traicione el concepto que traía de casa». La ópera cuenta cómo, durante una noche de hechizos y malentendidos, cuatro amantes ven trastocados sus sentimientos por la magia de las hadas hasta que, al amanecer, se restablece el orden y todo vuelve a la normalidad. «En el libreto de Britten la acción no arranca en el mundo real de la corte de Atenas, sino que va directamente al universo de la fantasía, territorio exclusivo de la infancia, con su mezcla de encanto y anarquía», explica Warner. «Y, puesto que el bosque en el que se mueven los personajes se rige por la ambigüedad y los artefactos, no tenía sentido recrear ese paisaje como un decorado». La fuerza de la palabra En su lugar, encontramos una instalación hecha de fragmentos de naturaleza. «Mi planteamiento remite, en cierto modo, al teatro isabelino», prosigue el director de escena británico. «En esa tradición, el bosque era ante todo el propio escenario, ese espacio vacío del que hablaba Brook». Y añade: «En la Inglaterra de Shakespeare, bastaba con el Wooden O]como se conocía al teatro circular del Globe] y la fuerza de la palabra para contener todas las posibilidades: con muy pocos elementos el público podía viajar a los campos de Francia, al moro del Rey Lear o a la remota isla de La tempestad». Durante el montaje, que estará en cartel hasta el 22 de marzo, Warner utiliza varios «desdoblamientos» que multiplican la presencia de algunos personajes. «El duende Puck, por ejemplo, aparece dividido entre un acróbata aéreo y un actor que recita el texto», confirma. Algo parecido ocurre con los niños: mientras algunos figurantes se mueven por el escenario, las voces blancas de la ORCAM cantan desde el foso. «Sé que puede resultar polémico, pero a esa edad no es fácil cantar, correr y saltar al mismo tiempo», justifica su decisión. De esta manera pueden utilizar toda esa energía sin perder calidad vocal. Deborah Warner: «El Real es uno de los pocos teatros del mundo donde todavía es posible crear una producción real». Jaime VillanuevaMaster Ivor Bolton dirigirá el estreno absoluto de esta coproducción con el Royal Ballet and Opera de Londres y el Teatro Maggio Musicale Fiorentino. «No es necesario ser un experto para percibir en la partitura la brillantez con la que Britten distingue y hace colisionar los cuatro mundos de la obra». Timbres cristalinos en el Reino de las Hadas, mayor lirismo en los pasajes de los Enamorados, metales y fagos para los Artesanos y acordes solemnes en la Corte. «Y sobre todo está el mundo del sueño, que es uno de los grandes territorios del compositor», afirma. «Nadie ha escrito música onírica como él». El concursante Iestyn Davies, la soprano Liv Redpath y el bajo Clive Bayley encabezan el reparto casi íntegramente británico de este Sueño, tercera ópera de Britten, que Joan Matabosch, directora artística del Teatro Real, confía a Deborah Warner. «No podía negarlo, porque las condiciones de trabajo de Billy Budd]que se estrenó en Madrid en 2017] y Peter Grimes]en 2021] fueron realmente excepcionales», celebra. «Cuando tienes un equipo así puedes arriesgar, probar, equivocarte y volver a empezar. El Real es uno de los pocos teatros del mundo donde todavía es posible crear una producción real». En Este amor de una noche de verano, la sensación de peligro latente que caracteriza a muchos de los montajes de Warner se convierte en un filón dramatúrgico que huye de la moralina. «Shakespeare nunca te dice lo que tienes que pensar», advierte. «Describe todos los tipos concebibles de comportamiento y deja que hablen por sí mismos». Han pasado más de cuatro décadas desde su primera función de La tempestad, al frente de su compañía Kick Theatre, y asegura que aún le quedan muchos kilómetros por navegar: «Más de cuatro siglos después, Shakespeare sigue sacándonos muchos años de ventaja».

 Feed MRSS-S Noticias

Parece mentira que la directora inglesa Deborah Warner (Oxfordshire, 66 años), maestra absoluta de Shakespeare, no se haya topado con el texto de El sueño de una noche de verano. Después de escribir un ensayo en el Teatro Real, afirma: «La explicación es sencilla y tiene que ver con mi primera experiencia como espectador». Cuando a los nueve años vi la histórica producción de Peter Brook en Bristol, supe que quería hacerlo. Dejó aquel papel con ganas de hacer teatro y la seguridad, compartida por muchos directores de su generación, de que había poco que añadir al «deslumbrante sueño» brookiano. Seguir leyendo

 

De interés similar