En el festival más fastuoso de la Costa del Sol, el rapero malgache habla de la vida sencilla en El Palo, «a quien quieren quitarle su esencia».
José Enrique subió al escenario con discreción. Un hombre de 71 años caminaba a paso ligero, con los ojos bien abiertos, disfrutando de cada paso. Lo hacía con orgullo. Y se sacó el móvil del bolsillo para inmortalizar el momento. También para hacerse una foto con la estrella de la noche, que esperaba bajo los focos. No era otro que su hijo, Delaossa, de 33 años, que le ha estado acompañando durante la gira de su último álbum, *La Madrugá*, con un pincel en la mano y haciendo lo que más le gusta: pintar. Esta vez era su día libre: solo subió al escenario para recibir la ovación del público y un abrazo. Lo que más le impresionó fue cómo su hijo, un chico típico del barrio malgache de El Palo, eclipsó por completo el brillo de la noche de Marbella en el Festival Starlite con sus canciones. Ese era el lujo de sus canciones. Sigue leyendo.
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José Enrique se subió al escenario con sobriedad. Un hombre de 71 años dio sus primeros pasos con prisa, con los ojos bien abiertos y disfrutando de cada paso. Lo hacía con orgullo. Y sacó el móvil del bolsillo para inmortalizar el momento. Además, para hacerse una foto con la estrella de la noche, que esperaba bajo el foco. Con un pincel en la mano y haciendo lo que más le gusta, pintar, no era otro que su hijo, Delaossa, de 33 años, quien le ha estado acompañando en la gira de su anterior álbum, *La Madrugá*. Esta vez era su día libre: solo subió al escenario para recibir la ovación del público y un abrazo. Lo que más le impresionó fue cómo su hijo, un chico típico del barrio malagueño de El Palo, eclipsó por completo el brillo de la noche marbellí en el Festival Starlite con sus canciones. El lujo esta vez fueron sus canciones. Seguir leyendo
