Pocos cantantes, como el puertorriqueño Daniel Santos, contribuyeron a fusionar los estilos de canto de Puerto Rico y Cuba en un estilo propio. Su larga relación con lo mejor de nuestra música de las décadas de 1940 y 1950 del siglo pasado le otorgó un reconocido sello cubano en todas sus composiciones e interpretaciones. . «El inquieto anacobero» fue la primera entrada que apareció en Cubadebate.
Pocos cantantes, como el puertorriqueño Daniel Santos, contribuyeron a fusionar los estilos de canto de Puerto Rico y Cuba en un estilo propio. Su larga relación con lo mejor de nuestra música de las décadas de 1940 y 1950 del siglo pasado le otorgó un reconocido sello cubano en todas sus interpretaciones y composiciones. . «El inquieto anacobero» fue el primer artículo que apareció en Cubadebate.
CubadebateInicio «Especial, Cultura» 2 de agosto de 2026 – 124,. Pocos cantantes, como el puertorriqueño Daniel Santos, contribuyeron a fusionar en su propio estilo las formas de cantar de Puerto Rico y Cuba. Su prolongado contacto con lo mejor de nuestra música de los años 40 y 50 del siglo pasado le imprimió un sello cubano muy evidente en todas sus interpretaciones y composiciones, lo que le asegura un meritorio lugar entre los grandes cantantes de la música cubana del siglo XX. El Jefe, como se le conoce en Colombia y como lo recuerda García Márquez en algunas de sus crónicas, fue un exponente excepcional del género de la música bailable popular en el Caribe. En 1946, el puertorriqueño Bobby Capó presentó a Amado Trinidad, el poderoso propietario de la Cadena Azul RHC de La Habana. De ese encuentro surgió un contrato para Santos. Debutó con buen pie en el llamado Palacio de la Radio, en el número 53 del Prado. El tema inicial de la jornada fue la canción «El Anacobero», del borincano Andrés Tallada. Por error, el locutor presentó a Daniel como «el Anacobero». A partir de ese momento se le identificó con ese apodo, que se hizo famoso en la isla y se sumó al de «el inquieto», que se ajusta al carácter y la personalidad del cantante. Con su canto, «El Anacobero el inquieto» había impresionado a La Habana tanto como había deslumbrado al artista. ¿Qué ciudad fascinó a Daniel Santos? Josean Ramos, en su libro «Vengo a despedirme de los chicos» de 1991, afirma que fue el «delicioso paseo durante las puestas de sol en La Habana, que por entonces contaba con los mejores cabarets del mundo y con las mujeres más eróticas que hayan visto los ojos humanos». Añadió además que en aquellos locales nocturnos se podían ver «los mejores espectáculos del momento, con Esther Borja y Jorge Negrete, Celia Cruz, el trío Los Pancho y la rumba de Ninson Sevilla, mientras que la radio permitía escuchar a Miguelito Valdés, la Sonora Matancera, Panchito Riset, Cascarita. . ». y todos los cantantes, rumeros y músicos preferidos por un público exigente. «Y fue precisamente el público familiar de esta isla el que, poco a poco, forjó a Daniel Santos como uno de los grandes cantantes del mundo hispano y, al mismo tiempo, siguiendo los pasos de los músicos puertorriqueños en Cuba. Dicen: «Durante quince años, Daniel Santos entraba y salía de Cuba hacia Nueva York o hacia otras ciudades del continente sudamericano y, en cada entrada, reafirmaba su estatus como gran intérprete de la música. Según él, «Santos siempre tuvo un buen recuerdo de Amado Trinidad», el primer empresario cubano en ganarse la vida dignamente en la radio. En el momento en que el puertorriqueño llegó, ya llevaba años inmerso en nuestros ritmos. Esto había ocurrido en 1941, cuando el cubano Miguelito Valdés abandonó la orquesta de Xavier Cugat a raíz de una discusión. Entonces le pidió a Santos —que actuaba en el Casino Cubano y empezaba a darse a conocer entre el público cubano— que actuara con su orquesta en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York. Tras el contrato con la RHC Blue Chain, le fueron bien y mal. En Radio Cadena Suaritos, de La Habana, se alternó durante una breve temporada con Tña la Negra, y en Radio Progreso cantó acompañado por quienes algunos consideran uno de los grandes grupos musicales cubanos de todos los tiempos, la Sonora Matancera. Con esta última pasó a la CMQ y se presentó en «Cascareles Candado», quizás el programa con mayor audiencia del momento. El propio Daniel dijo en una ocasión: «Hay quienes afirman que yo hice a la Sonora Matancera. Otros, que la Sonora me hizo a mí. Nos beneficiamos mutuamente. . . «La verdad es que con el primer disco que grabó con esa orquesta, Daniel Santos alcanzó la cima de la fama. Las piezas que entonces se plasmaron en el acetato trascendieron la vida del intérprete en el tiempo. Tal es el caso de «Noche redonda», de Agustín Lara; «Cuidado, compay gallo», de Ñico Saquito; y «Dos gardenias», de Isolina Carrillo: «Gardenias que no se marchitan, pues él las cultivó con su canto». «EL COLUMPY DE LA VIDA» La oligarquía habría querido quemarlo, avivando la llama con sus discos. La pequeña burguesía de izquierdas lo trataba como otro «opio del pueblo». Era un cantante de la marginalidad, es decir, de la mayoría. Era el rey de los obreros, los negros, los desempleados, los matones, las amas de casa y las prostitutas. Sus boleros, guarachas, mambos y sones sonaban en cumpleaños, bodas, fiestas de pueblo y bares de mala muerte, «como dice el colombiano Hernando Calvo Ospina, quien añade que el inquieto Anacobero era venerado y que, por puro milagro, no fue elevado a las tierras altas». Era hijo de un carpintero y una costurera, y nació en Santurce, Puerto Rico, en 1916. Pronto tuvo que abandonar la escuela y salir a la calle a limpiar zapatos. Tenía nueve años cuando su familia se instaló en Nueva York. A pesar del cambio de lugar, la situación no mejoró, y para ayudar a sacar adelante a la familia vendían hielo y carbón, barrían calles y limpiaban alcantarillas. Su entrada en el mundo de la música fue casual y puede que haya mucha leyenda en la historia. Se cuenta que una tarde cantaba bajo la ducha y su voz se oyó en la calle cuando pasaba por allí un miembro de un trío musical. El tipo, impresionado, quiso conocerlo. Insistió. En la puerta de su casa, con una toalla envuelta a la cintura, Santos aceptó formar parte de aquel grupo. Así comenzó su carrera como cantante. Más tarde, en 1938, conoció a su compatriota, el compositor Pedro Flores, encuentro que resultaría decisivo en la vida del anacober. A partir de ahí se forjó un estilo único con el que recorrió toda América, dejando a su paso a Miguel López Ortiz: una estela de leyenda, recuerdos inigualables, un anecdotario monumental, numerosas grabaciones y no pocos hijos. Actuó en películas como «Ángel caído», una producción cubano-mexicana del director José Ortega, «Ritmos del Caribe» y «Rumba» en televisión, con la última dirección de Evelia Jofre y las interpretaciones de los cubanos Rolando Ochoa y Lolita Berríos. Muchas de las 400 canciones que afirmaba haber compuesto en Cuba fueron su fuente de inspiración. Entre ellas, «La bolera de la vida», escrita tras un paseo por el Malecón; «Déjame ver a mi hijo», en la que le exige a su esposa Eugenia que le impida reunirse con Danielito; y «Virgen de la Caridad», que compuso mientras estaba preso en el Castillo del Príncipe. «Amigote» es otra de sus composiciones, y describe como nadie la intensa vida del artista entre bares y cantantes. Mucho se ha escrito sobre Daniel Santos. La gran mayoría de los artículos, crónicas e incluso libros que se le han dedicado se centran en su obra profesional y, sobre todo, en su vida desordenada, llena de alcohol, mujeres y peleas. Pocos de estos textos recogen declaraciones como estas: «Entro en cualquier barrio del mundo, porque en todos ellos se habla un idioma común, el idioma de la pobreza, y aunque haya matones, chulos, putas y contrabandistas, siempre me respetan. Para otros, son barrios malos, pero para mí no. Sé lo que les ha pasado a estas personas porque yo nací así, joder. Nací pobre y siempre se culpa a los pobres de todo lo malo. Hay gente noble en esos lugares de dolor… Conozco todos esos barrios latinoamericanos, he estado en todos sus bares, me he tomado una copa con todos sus borrachos. . . Hay poco dinero en esos lugares, y donde hay poco dinero, hay delincuencia, hay necesidad, tenemos que robar. Esta es la realidad de esos sectores marginados que tanto han contribuido al desarrollo de la música popular latinoamericana. «En 1957, en un bar de Maracaibo, Venezuela, Daniel Santos escribió en una servilleta su canción Sierra Maestra. Nadie quiso grabarla en Caracas y tuvo que hacerlo en Nueva York. Recibió como pago las primeras mil copias del álbum. Las fue vendiendo poco a poco y envió algunas copias a Cuba. Una de ellas llegó a manos de la guerrilla fidelista, que comenzó a difundirla en su emisora, Radio Rebelde, que emitía desde las montañas del este. Esto provocó que se acusara al cantante de ser comunista y amigo personal de los «barbudos». En los primeros días de enero de 1959, Daniel Santos presenció la entrada triunfal del Ejército Rebelde en La Habana. En febrero se presentó en el cabaret «Venecia», en la ciudad de Santa Clara, y más tarde en el cabaret «Nacional» de La Habana, en el Prado y San Rafael. Ya no hace falta escuchar su canción de la Sierra Maestra en la radio clandestina. Junto con sus otras melodías, da la bienvenida a la Revolución victoriosa. Es la época de la llegada de Fidel, interpretado por Rolando Laserie, tal y como lo soñó Martí, de Juan Arrondo, con la voz de Orlando Vallejo, «Ensalada rebelde» y «Canto a Fidel», grabadas por los populares Pototo y Filomeno para el sello Puchito. La orquesta de Fajardo y sus estrellas imponen a los «barbudos», y Pablo del Río, el llamado «Ruiseñor español», interpreta, al compás de un doble, «Las alas de la libertad». Miguel Ángel Ortiz presenta la bellísima «Canción de la libertad», de cuya estrofa aún recuerda algo el cronista. El Anacobero regresó a la isla en agosto de 1960, cuando fue expulsado de Costa Rica. La Sexta Reunión de Consulta de los Ministros de Asuntos Exteriores de la Organización de los Estados Americanos (OEA) se celebró en San José, la capital de ese país centroamericano. Washington sentó las bases para la expulsión de Cuba de la organización hemisférica, y los círculos oficiales no ocultaron su hostilidad hacia la delegación cubana encabezada por el ministro de Asuntos Exteriores, Raúl Roa, y el grupo de periodistas de la «Latin Press», liderado por su director, Jorge Ricardo Masetti. La policía había intentado impedir, retirando banderas y pancartas, que los simpatizantes de la Revolución recibieran a sus delegados en el aeropuerto. Cuando Roa llegó a Cuba con su comitiva, las autoridades tenían permiso para llevar a cabo un acto de solidaridad allí, pero descubrieron que un cordón policial les había facilitado el acceso al llegar allí. El ministro quiso cruzar la valla y estuvo a punto de ser víctima de una agresión. Las armas de sus escoltas y del grupo de agentes de policía costarricenses pronto quedarían sin fundamento. Daniel Santos cantaría en ese acto. No solo se lo impidieron, sino que decidieron expulsarlo del país. La embajada cubana le ofreció entonces hospitalidad y al día siguiente viajó a La Habana. El cronista no puede precisar si esa fue su última visita. Pero aquella ciudad ya no era la que él conocía y amaba. Se dio cuenta de que el giro social que estaba tomando la isla se alejaba cada vez más de sus intereses. Se marchó de nuevo y nunca regresó al país que tanto le había dado. Falleció en Ocala, Florida, en 1992. Notas de la sección «Cultura Especial» de Cartoné: Ciro Bianchi Ross, destacado intelectual cubano. Periodista consagrado, su trayectoria profesional de más de cuarenta años le permite figurar entre los principales exponentes del periodismo literario del país. Cronista y entrevistador sagaz, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de la Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros, en la revista Cuba Internacional y en el periódico Juventud Rebelde, del que es columnista habitual. Véase también. Relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Los medios de comunicación estadounidenses señalan: «El embargo contra Cuba está agravando una situación ya de por sí terrible». 31 de julio de 2026 – 124,. 45 kits solares donados por el Movimiento de Solidaridad Argentino llegan a Cuba. 31 de julio de 2026 – 124,. – 124,. «El pueblo cubano no debe pagar por las fobias de Marco Rubio», afirma la dibujante mexicana Chelo. 31 de julio de 2026 – 124,. – 124,. Agresión contra Irán. El precio del petróleo cierra julio con un aumento del 24 %. 2 de agosto de 2026 – 124,. – 124,. Más de 2 500 niños muertos o heridos en Irán por la guerra de EE. UU. e Israel, alerta Unicef. 31 de julio de 2026 – 124,. – 124,. 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