Javier Cercas termina ‘El periódico de la democracia’, un libro sobre EL PAÍS

El autor expone su perspectiva sobre el medio ambiente y lo que ha significado a lo largo de su vida. Según él, «Al periódico ya no le basta con decir la verdad, y debe difundir mentiras».

  

En los años 90, Javier Cercas (Ibahnando, Cáceres, 63 años) no se permitía soñar que en el futuro viviría de la literatura cuando una anécdota entre gamberra y cervantina rompió uno de sus días como profesor universitario en Gerona. Recibió la llamada de un desconocido que le preguntó si le gustaría escribir en el campo. Para él, en aquel momento, no era cualquier periódico, sino el que siempre había leído, donde todos querían escribir, el más relevante en español, el mismo que plantó cara al golpe del 23-F, el de García Márquez, Vargas Llosa, Pradera, Rosa Montero, Umbal, Vicent, Savater. . . «Pasé de la incredulidad a la euforia en segundos», recuerda. Colgó e inmediatamente volvió a sonar el teléfono. Era su hermana Sofía: «¿Sabes quién acaba de llamarme? le preguntó. «Claro que lo sé, idiota. ¿Sabes qué día es. . . «? El calendario fue cruel y destrozó su sueño: 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes. Su hermana hizo una broma, pero sería premonitoria. Años después, tras una disquisición literaria -y etíope- entre amigos sobre quién se había atrevido a cerrar una novela con la palabra «mierda», como había hecho en su tercera obra, «El cinturón de la ballena, Agustí Fancelli, pluma exuberante y melómana de EL PAÍS en Cataluña», le dijo: «¿Y tú? «. ¿Por qué no escribes crónicas»? Aquella vez fue real y Cercas se puso a ello antes de saltar a El País Semanal de la mano de Álex Martínez Roig. Y ahí sigue, tres décadas después, animando y reflexionando dos veces al mes sobre 4, 200 caracteres. Son pinceladas vitales paralelas que Cercas ha testimoniado en El periódico de la democracia (una historia personal de El País) (Random House), la obra con la que el autor de Soldados de Salamina celebra el 50 aniversario de la aparición del medio y que aparecerá el domingo 3 de mayo en quioscos y el 7 de mayo en librerías. Un título elegido a partir de una fuerza absoluta: «Es así, incuestionable, entre otras cosas porque nace, como señala Manuel Vicent, libre del pecado original». Será el 4 de mayo cuando el país cumpla 50 años. Cinco décadas de celebración que irán acompañadas de grandes ayunos, iniciativas editoriales de gran calidad y actos abiertos al público, que ya han comenzado con la conferencia de Bill Gates el pasado mes de enero en el Museo del Prado. En Matadero Madrid, durante los primeros días de mayo, habrá un pequeño festival. Llegamos al acuerdo de que este proyecto no era un texto de historiador sino un relato de lector cuando se lo presenté a Javier Cercas. De Cascas como lector. La razón es que la historia de EL PAÍS es también la de sus lectores. Ellos son los destinatarios de ese esfuerzo colectivo que es un periódico. Y este maravilloso libro es, en cierto modo, un homenaje a ellos y a nuestra historia compartida», afirma el director de EL PAIS, Jan Martínez Ahrens. Portada de Javier Cercas ‘ El periódico de la democracia ‘. Apareció el 4 de mayo de 1976, seis meses después de la muerte del dictador, algo que, como no había ocurrido con otros medios en circulación, libró a su figura del estrago el día de su muerte. El país nació con la democracia, ayudó a forjarla con una masa de lectores críticos y un enorme peso de influencia tras su exitosa, más o menos acrobática, muerte de tres saltos, estudiada como un caso excepcional en la prensa de todo el mundo. Sólo necesitó dos años para convertirse en el medio de referencia nacional y más leído. «Hoy está a nivel global, en el entorno del español en todo el mundo», dice Cercas. Se cocinó con una red de editores e intelectuales que buscaban una reforma del régimen, entre liberal y europea, para la que no faltaron figuras del régimen con ambición de liderazgo postfranquista, como José María de Areilza y Manuel Fraga. Pero dentro del accionariado, los que buscaban otra cosa, como Jesús de Polanco, que junto a otros como José Ortega Spottorna, hijo de Ortega y Gasset, se impusieron pronto al proyecto. Juan Luis Cebrián fue nombrado su primer director con 31 años, al que siguieron Joaquín Estefanía, Jesús Ceberio, Javier Moreno, Antonio Caño, Soledad Gallego Díaz, Pepa Bueno y hoy Jan Martínez Ahrens. «Pronto, Polanco y él llegaron a un pacto en el que ninguno debía interferir y fue clave». Para el editor, el control de la empresa y su viabilidad económica. Para Cebrián, el editor. «Y en este último caso, dando ejemplo, dándose desde el principio de alucinantes resortes democráticos, que no existían en ningún periódico, y siguen sin darse, como el comité de redacción, un órgano de control a su vez de su propia dirección», dice Cercas. Entrevista con el autor Javier Cercas, durante la FIL Guadalajara 2025, el 29 de noviembre de 2025. robert antilronCercas, cuenta el nacimiento de esta fuerza compacta, clave para la construcción de la democracia. «Aunque en el accionariado había elementos conservadores, la redacción estaba conformada por periodistas decididos, rebeldes, progresistas, en su mayoría de izquierda, y eso fue decisivo para el éxito y la influencia del periódico en una sociedad que buscaba romper con lo anterior». Así se forjó también lo que el filósofo José Luis Aranguren definió como el intelectual colectivo. Un papel en el que fue clave Javier Pradera, su primer jefe de opinión: «Se erigió en la eminencia gris de la Transición, su disco duro, como lo describió Felipe González». No sólo en el ámbito político. También en el cultural. Tanto que los competidores se desesperaban con la influencia y capacidad del medio para elevar y hacer triunfar muchas de las voces y creaciones de la nueva democracia. «Luis María Anson lo definió como un costumbrismo cultural», dice Cercas, sobre todo en una época en la que llevar un ejemplar bajo el brazo te definía automáticamente. El autor destaca en el libro los episodios más épicos, como la noche del 23-F, algo que ha investigado al detalle para su obra Anatomía de un momento. Cuando las dudas se imponían y salían a la calle, era un riesgo claro aquella noche, Cebrián bajó en mangas de camisa a la redacción y dijo: «Aquí está claro: hay un golpe de Estado y vamos a sacar el periódico». La decisión se impuso tras una conclusión que no dejaba lugar a dudas. Tenían que comportarse como lo que eran, periodistas, e imprimirlo antes de que llegaran los soldados a ocupar la sede de Miguel Yuste 40. A las 10: 00 p. m. apareció una edición especial con sólo 16 páginas: «Golpe de Estado. El país con la Constitución». Esquemático, firme, un hachazo en carta a la rebelión de las armas. «Resistirse al golpe era ayudar a abortarlo», escribe Cercas. Cuando se pudo distribuir e incluso llegó al Congreso, se convirtió en un signo evidente de fracaso, sobre todo cuando muchos vieron a los guardias civiles, incluido el coronel que los dirigía, Tejero, con ejemplares en la mano. Eso ya es historia. Hechos probados. Y debemos ser conscientes de ello en un futuro asolado por la mentira y el periodismo que, en el contexto de los medios de comunicación serios y de referencia, dice el autor, «ya no basta con que el periódico diga la verdad, sino que también debe desmontar la mentira». En este contexto de triquiñuela, relato político y carreras de velocidad demonizadas por las redes sociales, Cercas cree que los periodistas y quienes escriben en el medio deben tener presente, dice, «su compromiso con la verdad, aunque perjudique sus ideas, y que la mentira ha sido la mejor aliada del nacionalpopulismo», como define la ola de autoritarismo presente. También que, sobre todo, un periódico no tiene sentido si es sólo un negocio. «Que detrás, sosteniéndolo y empujándolo, debe haber un proyecto moral y político». Pero, sobre todo, una rabiosa, pragmática e inquebrantable vocación de independencia en defensa y compromiso constante con las libertades, como fue el caso del país desde el día en que apareció hace medio siglo.

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En los años 90, a Javier Cercas (Ibahnando, Cáceres, 63 años) se le prohibió imaginar cómo viviría de la literatura cuando un incidente protagonizado por Gamberra y Cervantina destrozó uno de sus días como profesor en una universidad de Gerona. Recibió una llamada de un desconocido que le preguntó si le gustaría escribir en el campo. Es decir, para él, en aquel momento, no cualquier periódico, sino el que siempre había leído, donde todos querían escribir, el más relevante en español, el mismo que plantó cara al golpe del 23-F, el de García Márquez, Vargas Llosa, Pradera, Rosa Montero, Umbal, Vicent, Savater. . . . «Pasé de la incredulidad a la euforia en segundos», recuerda. Colgó e inmediatamente volvió a sonar el teléfono. ¿Sabes quién me acaba de llamar, Sofía, que era? preguntó ella. «Claro que lo sé, idiota. ¿Sabe qué hora es? El calendario resultó ser cruel y arruinó su sueño: 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes. Siga leyendo.

 

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