La autora surcoreana es galardonada por la Fundación BBVA por su «técnica única de gran solidez» y su escritura de «refinamiento sonoro», que convierte la materia musical en un juego de ilusiones.
El compositor surcoreano Unsuk Chin (Seúl, 64 años) ha sido distinguido con el Premio Frontera del Conocimiento en la categoría de Música y Ópera, que concede la Fundación BBVA, en reconocimiento a una trayectoria que ha sido capaz de articular una voz propia con amplia repercusión global dentro del panorama contemporáneo. El jurado ha destacado en su acta «su técnica singular de gran fuerza» y, especialmente, «su refinamiento sonoro», además de su «imaginación desbordante» y su «magistral capacidad para transformar el sonido en un juego de ilusiones y metamorfosis», rasgos que la sitúan entre las grandes innovaciones de nuestro tiempo. La noticia del premio sorprendió a Chin en su casa de Berlín, en medio de una entrevista con motivo de su participación en el Festival de Primavera de Praga. «Miré el teléfono y vi que alguien intentaba localizarme con un número desconocido, luego mi editor me escribió desde Londres pidiéndome que lo cogiera urgentemente. Me fui a otra habitación y luego hablé con]la presidenta del jurado] Gabriela Ortiz», cuenta a EL PAÍS por videollamada. «Empecé a gritar, no me lo podía creer. Es una sensación difícil de describir, como un cuento de hadas». El equivalente musical, dice, a «un gran fortissimo, un Tutti orquestal acompañado de un coro efusivo y desbordante». Formado en sus inicios de manera autodidacta, en un contexto marcado por las dificultades económicas para acceder a la enseñanza musical en Corea del Sur, en 1985 Chin se trasladó a Alemania gracias a una beca y allí estudió con György Ligeti. «Los comienzos fueron muy duros. En Corea tuve un buen profesor, pero mi verdadera formación empezó en Europa», recuerda. «Ligeti era un profesor tremendamente exigente, un compositor consagrado, con un lenguaje muy fuerte, y a menudo no entendía sus lecciones. Pero seguí sus consejos y con el tiempo fui entendiendo sus palabras. Me ha llevado décadas. Incluso ahora sigo aprendiendo de él». Esta búsqueda permanente de un lenguaje propio, ajeno a ataduras y etiquetas, es uno de los ejes centrales de su trabajo. Afirma: «Me resulta muy difícil definir mi propia música». En mis primeros años era más abstracta y estaba más en línea con la vanguardia, pero pronto me di cuenta de que ésa no era la dirección que quería tomar. Desde entonces, su estilo intenta mantener una «fuerte conexión» con el oyente: «Intento expresar cosas complejas con claridad, no hacerlas simples, sino comprensibles». Esta tensión entre rigor y voluntad comunicativa recorre un amplio catálogo que va desde la música de cámara hasta el repertorio orquestal y operístico. Su obra Akrostichon-Wortspiel (1991-93), para soprano y conjunto, marcó el inicio de una línea sostenida de trabajo en formatos camerísticos y para conjunto, y consolidó su presencia en los principales circuitos internacionales. A ello se suman piezas como Fantaisie mécanique, Xi o Gougalōn, estrechamente vinculadas al Ensemble Intercontemporain, así como ParaMetaString (1996), para cuarteto y electrónica, por encargo del Kronos Quartet, y el ciclo de Estudios para piano (1995- 2003), heredero directo del Magisterio de Ligeti, donde el formato reducido funciona como laboratorio de exploración tímbrica. El compositor Unsuk Chin. Fundación BBVAsu escritura para solista y orquesta lleva esa ambición a un plano de mayor complejidad formal y proyección sonora. El Concierto para violín núm. 1 (2001), galardonado con el Premio Grawemeyer, o el Concierto para violonchelo (2006-08), que The Guardian incluyó entre las grandes obras del siglo XXI, comparten el mismo mecanismo de precisión horaria, en el que cada detalle responde a una rigurosa lógica interna. Se suman a páginas como Šu (2009), para sheng y orquesta, o el Concierto para orquesta ‘ Spira ‘ (2019), en el que el tratamiento del color y la textura genera superficies sonoras en continua mutación. La música de Chin ha sido interpretada por importantes orquestas y, desde hace más de dos décadas, mantiene una relación especialmente estrecha con la Filarmónica de Berlín gracias a la confianza que siempre le ha brindado Sir Simon Rattle. Él reconoce: «Los considero mis amigos». «Trabajar con una orquesta así es siempre una aventura: son extremadamente profesionales y también muy críticos», afirma la compositora, que ha colaborado con orquestas y teatros de ópera de Montreal, Múnich y Hamburgo de la mano de otro de sus valedores, el maestro Kent Nagano, que en septiembre asumirá la titularidad de la Orquesta y Coro Nacionales de España. La primera ópera de Chin, Alicia en el país de las maravillas, fue elegida en 2007 «estreno del año» por la revista Opernwelt. «No era una ópera al uso ni un musical, sino que se situaba en un punto intermedio», recuerda. En la segunda y última, La cara oculta de la luna, estrenada en 2025 en la Ópera Estatal de Hamburgo, despliega un universo sonoro más oscuro y altamente psicológico. «Fue una experiencia muy intensa, en la que yo mismo escribí el libro», explica. La obra, inspirada en la figura del físico Wolfgang Pauli y su relación con Carl Gustav Jung, se adentra en territorios cercanos al sueño, la ciencia y la inestabilidad mental. En los últimos años, Chin ha retomado el contacto con sus raíces. «Cuando era joven no encontraba la manera de combinar la tradición coreana con la música europea, pero ahora empiezo a tener algunas ideas», se congratula. «Estoy trabajando en una pieza de teatro musical con una cantante coreana de pansori, y también en una ópera corta más ligera y casi humorística», avanza la compositora, que no disimula su orgullo por la condición de potencia cultural que ha alcanzado Corea del Sur. «Hay mucho público y talento musical, pero quizá deberíamos aportar algo nuestro», reflexiona. «No basta con tocar Mozart o Beethoven. Tenemos que crear algo nuevo». De lo contrario, no hay futuro». Chin idea cada nuevo proyecto desde cero. «Creo que puedo empezar de nuevo como compositor. No sé en qué dirección, pero aún me siento como un principiante», dice. Sobre el avance de la inteligencia artificial, se muestra cauto: «Puede hacer muchas cosas, pero en el arte buscamos emociones como el dolor o la alegría. Sin eso, no puede haber obra de verdad». Al final, todo se reduce a la «experiencia humana» de escuchar: «Me gustaría que cualquiera encontrara algo inspirador en las múltiples capas y dimensiones de mi música. No hay necesidad de comprenderlo completamente; todo lo que se necesita es que cada oyente deje el suyo. El Premio «Fronteras del Conocimiento», dotado con 400, 000 euros, ha sido otorgado por un jurado presidido por Gabriela Ortiz y con Víctor García de Gomar como secretario, junto a los vocales Mauro Bucarelli, Silvia Colasanti, Raquel García-Tomas, Pedro Halffter, Joan Matabosch, Fabián Panisello y Santiago Serrate. En las últimas ediciones, el premio ha recaído en Toshio Hosokawa, George Benjamin, Thomas Adès y Philip Glass. Según señala en su informe, la obra de Chin «crea paisajes en constante transformación, donde el color y la textura juegan un papel primordial» y generan «una estética inconfundible dentro del campo de la música actual».
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Unsuk Chin, compositor surcoreano de 64 años, ha recibido el Premio Frontera del Conocimiento en la categoría de música y ópera, que concede la Fundación BBVA en reconocimiento a una trayectoria profesional que ha sido capaz de articular una voz propia con un significativo impacto global en el panorama contemporáneo. Además de su «desbordante imaginación» y su «magistral capacidad para transformar el sonido en un juego de ilusiones y metamorfosis», el jurado ha destacado en su informe «su técnica única de gran fuerza» y, en particular, «su refinamiento sonoro», así como su «desbordante imaginación» y su «magistral capacidad para transformar el sonido en un juego de ilusiones y metamorfosis», características que lo sitúan entre las grandes innovaciones de nuestro tiempo. Siga leyendo.
