Nadie ha escrito como António Lobo Antunes

La frase que durante años se había considerado arrogancia ha llegado a su fin gracias al peso de la evidencia.

  

OBITUARIOColumna estrictamente de opinión que responde al estilo propio del autor. Estas opiniones deben basarse en datos contrastados y ser respetuosas con las personas aunque se critiquen sus acciones. Después de la última línea, todas las columnas de opinión de personas ajenas a la redacción de EL PAÍS llevarán un pie de autor, por muy conocido que sea, donde se indique el cargo, título, militancia política, en su caso, u ocupación principal, o que esté o haya estado relacionado con el tema tratado. La frase que durante años se ha interpretado como arrogancia ha terminado por adquirir el peso de la evidencia António Lobo Antunes en 2012. Pedro LoureiroAntónio Lobo Antunes repitió durante años una frase que muchos han interpretado como una provocación o un gesto de vanidad: «Nadie escribe como yo». Con el tiempo, sin embargo, esa afirmación ha acabado pareciendo menos una boutade que una simple constatación. Su obra, levantada a lo largo de más de cuatro décadas, ha transformado profundamente la narrativa portuguesa contemporánea. Hay, sin duda, un estilo Lobo Antunes: una escritura que rompe la narrativa tradicional, multiplica las voces y convierte el tiempo en un espacio circular donde memoria, conciencia y experiencia conviven sin jerarquías. Sus novelas desbordan los límites del género y crean un territorio literario único. Más información Paradójicamente, ese escritor que goza de extraordinario reconocimiento en el extranjero siempre ha sido una figura incómoda en su propio país. Lobo Antunes nunca ocultó sus opiniones sobre la literatura portuguesa ni sobre el propio Portugal, y su franqueza -a menudo áspera e incluso hostil- ha hecho de él una presencia de difícil digestión para el ambiente cultural. Durante años, la crítica portuguesa (y especialmente la académica) ha tenido serias dificultades para separar la obra del personaje, y su figura pública («desde Camões no ha habido nada interesante en la literatura portuguesa. . . para mí») ha condicionado definitivamente la recepción de sus libros. Los principales problemas que aborda crean un territorio inconfundible. En primer lugar, Portugal y su guerra colonial, convertida en herida abierta y delirio constante. En sus páginas, la guerra aparece como un espacio fantástico de deshumanización y memoria traumática que marca el destino individual y colectivo de los portugueses. Paralelamente, Lobo Antunes ha transformado la enfermedad, ya sea física o mental, en una metáfora del tiempo, de la fragilidad humana y de la persistencia de la memoria. Además de estos temas, se presta una atención constante a la injusticia y a las vidas olvidadas: los vencidos, los marginados, que habitan en los márgenes de la historia. Pero quiero creer que la clave más profunda de su obra es su dimensión poética. Aunque se presentan como novelas, muchos de sus libros pueden leerse como inmensos poemas en prosa de cientos de páginas. Su escritura está construida por imágenes, elipsis, repeticiones y asociaciones líricas que arrastran al lector a una corriente verbal de enorme intensidad emocional. Desde 2011, he tenido el honor de traducir su obra al español. Traducir a Lobo Antunes es adentrarse en esa misma corriente de lenguaje, escuchar las voces que se entrecruzan en sus páginas e intentar reproducir su música en otro idioma. Confieso aquí que ningún otro autor me ha llevado tantas veces, mientras lo traducía, a un estado de emoción extraño, casi onístico, al borde de las lágrimas. Porque en la literatura de António Lobo Antunes hay algo que va más allá de la técnica depurada o del estilo inconfundible: una intensidad humana, con sus virtudes y miserias, que atraviesa la página y llega al lector de forma directa, visceral. Tal vez por eso la frase que durante años se interpretó como arrogancia ha acabado adquiriendo el peso de la evidencia. Nadie ha escrito como António Lobo Antunes. Antonio Sáez Delgado es profesor de literatura comparada en la Universidad de Évora y traductor de Lobo Antunes. Su suscripción está siendo utilizada en otro dispositivo. ¿Desea añadir otro usuario a su suscripción? Añadir usuario Continúe leyendo aquí Si continúa leyendo en este dispositivo, no podrá leer en el otro. ¿Por qué observas esto? Flecha Tu suscripción está siendo utilizada en otro dispositivo y sólo puedes acceder a EL PAIS desde un dispositivo a la vez. Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción al modo Premium para poder añadir otro usuario. 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Nadie escribe como yo, según António Lobo Antunes, que recita una frase que muchos llevan años confundiendo con una provocación o un gesto de vanidad. Sin embargo, con el tiempo, esa afirmación ha llegado a parecer más una conclusión directa que una boutade. La suya, planteada a lo largo de más de cuatro décadas, ha alterado profundamente la narrativa portuguesa contemporánea. Es incuestionable que existe un estilo de escritura llamado Lobo Antunes: desafía la narrativa tradicional, multiplica las voces y crea un espacio circular donde la memoria, la conciencia y la experiencia coexisten sin jerarquías. Sus novelas traspasan los límites del género y establecen un territorio literario distintivo.

 

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