Una carta revela lo que Franco pagó (y lo que dejó a deber) por el ‘goya’ que quiso regalarle a Hitler

La misión descubierta en El Rastro de Madrid reclama al dictador 9. 000 pesetas y asegura que pagó 1. 000. 000 y pico por «La Marquesa de Santa Cruz».

  

El 20 de octubre de 1942 llegó a la Casa Civil del Generalísimo una carta en la que se reclamaba a Francisco Franco una deuda de 9. 000 pesetas por no pagar tres copias que había encargado de un cuadro de Goya, en concreto, el retrato de La Marquesa de Santa Cruz que el dictador compró con la intención de regalárselo a Hitler. Franco quedó tan satisfecho con el cuadro que encargó estas versiones para regalar, pero a la hora de pagar no lo hizo, según se desprende ahora del documento que el historiador del arte José de la Mano, apasionado del pintor, compró a finales de 2025 en El Rastro de Madrid. Imagen de la carta en la que se reclama a Franco 9, 000 pesetas. Cedida por DELAMANO Viejos MaestrosDELAMANO Viejos MaestrosEl marqués de Lozoya, Juan de Contreras, encargado por Franco de buscar el regalo para Hitler, reclamó en la Misiva, de la forma más amable que conoció, a Julio Muñoz Aguilar, ayudante del dictador, una solución para «un viejo asunto», según describió. «Hace casi un año, Ramón Serrano Suñer (cuñado y ministro de Franco) me llamó para decirme que adquiriera urgentemente un Goya de primera categoría, que iba a ser puesto a disposición de S. E. el Generalísimo», escribe. «La elección recayó en el magnífico retrato de la Marquesa de Santa Cruz y el precio fue de un millón quinientas mil pesetas, más tres copias del mismo cuadro, que contraté con el pintor Núñez Losada, excelente copista, con el precio de 3, 000 pesetas cada una», continúa. «Recibí de mi primo José Navarro un talón por la cantidad de 1, 500, 000 pesetas solamente. Así, los tres ejemplares del artista, es decir, 9, 000 pesetas más». «Conocíamos bien la historia de este cuadro, pero sabíamos que faltaba una pieza sobre cómo fue la compra por parte de Franco en 1941», explica el responsable de la galería de maestros antiguos delamano. «Con esta carta lo que se demuestra es la cantidad que pagó el dictador, siempre se creyó que era menos, un millón de pesetas, y se confirma que encargó tres copias para entregar a la familia propietaria del cuadro]los herederos de la marquesa], no una, y quién es el pintor que las hizo», apuntan los galeristas. Es difícil calcular el precio equivalente en la actualidad, si se hace referencia a la CIF, el coste en 2026 estaría entre 2. 5 y 3 millones de euros. En términos de propiedad, puede considerarse una operación reservada únicamente a una élite económica capaz de adquirir una obra maestra superior a los 10 millones de euros actuales. Más información El ‘ Goya ‘ con el que Franco quiso conquistar a HitlerLa historia del cuadro de Goya que Franco quiso regalar a Hitler ha pasado de leyenda urbana a hecho probado en una serie de capítulos que se vienen desarrollando desde hace casi una década. Varios libros y estudios científicos han tratado de reconstruir una pieza que ha pasado por las manos y las casas de familias nobles españolas y por las del dictador, que fue exportada ilegalmente, y finalmente rescatada por el Estado hasta regresar al Prado en 1986. La nueva entrega de esta novela no se limita a la carta. Semanas después de ser comprada en El Rastro, apareció uno de los ejemplares que dejó Franco. «Estoy obsesionado con Goya, dos veces por semana rastreo páginas web especializadas en buscar todo tipo de material sobre el artista. Además, por mi trabajo, tengo que revisar todas las subastas que se celebran en el mundo», dice De la Mano. «En una de estas revisiones, encontré un retrato de la marquesa de Santa Cruz en el catálogo de la subasta de un palacete en el sur de Francia. Aquí dije: ‘Esta es una de las copias de Franco’. ‘ Copia firmada por Francisco Nuñez Losada del cuadro ‘ La marquesa de Santa Cruz ‘ de Goya, realizada en 1941. Distribuida por DELAMANO Maestros AntiguosCombusó la pintura» a ciegas, «dice, porque la obra estaba catalogada como del siglo XIX y su procedencia se adjudicó a los supuestos herederos de la marquesa». Yo empujé el teléfono y me lo llevé», dice el galerista. Al recibir la pieza pudo comprobar que Núñez Losada, el pintor al que se refiere el marqués de Lozoya en la carta en la que reclama su deuda, copió la firma de Goya, pero más abajo señaló que se trataba de una copia del original del aragonés. ¡Bingo! Esta era una de esas versiones». No suelo tener esta suerte», reconoce entre risas el historiador del arte. La obra tiene una entonación amarillenta porque copia el cuadro original de Goya con su barniz oxidado, es decir, cuando la pieza aún estaba sucia, «explican desde la galería». La pintura tiene un gran agrietamiento que hace que parezca aún más antigua debido a la precariedad de los materiales utilizados para pintar después de la Guerra Civil. «¿Cuánto vale una obra así»? Es de una gran calidad que demuestra que fue copiada frente al original intentando interpretar las cualidades de Goya, «dicen, aunque no quieren desvelar el precio». Al final, tiene más valor simbólico que comercial por ser una copia de una imagen de Goya. «En 1941, un salario medio anual en España estaba por debajo de las 4, 000 pesetas, lo que demuestra el valor de las copias en aquella época. El regalo perfecto El primer capítulo de esta rocambolesca historia comienza en 1805, cuando Goya pinta el retrato en el que disfraza a la joven marquesa de Terpsícore, musa de la danza, la poesía y el canto. En su mano hay una lira donde coloca un lauburu, símbolo vasco compuesto por un áspid de cuatro cabezas, que será una de las llaves utilizadas para decantar a Franco por esta obra como regalo. El cuadro ‘La Marquesa de Santa Cruz’ de Goya, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, que acoge la exposición ‘Obras maestras de la colección Valdés’. FERNANDO DOMINGO-ALDAMA (EL PAÍS) En 1939, el dictador, que sabía bien que una de las debilidades de Hitler era el arte, le regaló tres cuadros de Zuloaga, según contó en 2018 el historiador Arturo Colorado en su libro Arte, revancha y propaganda (Cátedra). Pero no le pareció suficiente, así que para continuar con el cortejo del que parecía dueño del mundo, Franco creó un comité para buscar una joya artística más importante, un goya». Una prueba más de la instrumentación del patrimonio que hizo a su conveniencia. Lo utilizaba cuando le venía en gana como arma secreta de negociación o como propaganda», explicó Colorado en una entrevista en este diario. El arqueólogo Julio Martínez Santaolalla, el marqués de Lozoya y Serrano Suñer, con el asesoramiento, entre otros, del artista José María Sert, se encargaron de la tarea. Se decidieron por la Marquesa de Santa Cruz por su estilo neoclasicista y terminaron de convencerles cuando encontraron la similitud entre el laureu de la lira y la esvástica nazi. El guante perfecto para el pastel. Detalle de la lira con el ‘lauburu’ que Franco consideró similar a la esvástica nazi, en la copia del cuadro de Goya. Distribuido por DELAMANO Maestros AntiguosDurante la Guerra Civil el cuadro había sido trasladado de Madrid a Valencia. Desde allí viajó a Barcelona hasta llegar finalmente a Ginebra, desde donde regresó a la capital de España cuando finalizó la contienda bajo las órdenes de las autoridades franquistas. En 1941, según la carta adquirida por De la Mano, Franco lo compró finalmente por 1. 5 millones de pesetas, no el millón que se creía hasta entonces. El dictador ya tenía su joya artística, pero decidió esperar. El curso de la II Guerra Mundial cambió, España se declaró neutral y finalmente no entregó el cuadro a Hitler. En 1944, la obra volvió al Museo del Prado. Su propietario es Franco, pero este dato desaparece de los documentos oficiales. Y es justo ahora cuando se enreda la historia del cuadro de la Marquesa. Según algunas teorías, la obra estuvo colgada en el Palacio del Pardo hasta que Félix Fernández-Valdés, como nuevo propietario, la adquirió el 19 de febrero de 1947. La huella del dinero confirma que el coleccionista vasco también pagó un millón y medio de pesetas por la tela, según un recibo del Banco de Vizcaya en Madrid que recoge la publicación» Obras de la Colección Valdés», editada por el Museo de Bellas Artes de Bilbao entre 2020 y 2021. El cuadro permaneció en la colección Valdés hasta 1981 o 1982, cuando se estima que sus herederos lo vendieron -varios estudios apuntan que en unos 600 millones de pesetas-, y los nuevos propietarios lo sacaron ilegalmente de España. La Marquesa apareció en 1983 en la Fundación Getty de Los Ángeles. El cuadro estaba a la venta por 12 millones de dólares, unos 39 en la actualidad. Hasta la costa oeste de Estados Unidos se desplazaron representantes del Ministerio de Cultura, dirigido entonces por Javier Solana, y el abogado Ramón Uría, en cuyas memorias, la escritora Mercedes Cabrera, relata durante casi 20 páginas un apasionante trasiego por distintas capitales del mundo persiguiendo el cuadro. En la consecución del hito judicial que permitió el regreso de la obra al Museo del Prado en 1986 parecen haber sido claves marchantes de arte y coleccionistas con pocos escrúpulos y mucho dinero, así como el abogado de la reina Isabel II. Este 2026 se cumplen 40 años de este récord y la Pinacoteca prepara una iniciativa para conmemorar el regreso». Sirvió para recuperar una obra fundamental y aumentar la autoestima del país, ganando un proceso en los tribunales internacionales «, dijo Miguel Falomir, director del museo, en una entrevista en EL PAÍS en 2018. En menos de dos meses, la galería DELAMANO Oldmasters ha resuelto otro capítulo de esta historia, pero en su obsesión por seguir investigando, enseñaron a los expertos del Prado sus hallazgos. Fue en el museo donde los conservadores preguntaron a los galeristas si el ejemplar que habían comprado en el sur de Francia era el de Imelda Marcos, la mujer excesiva del dictador filipino Ferdinad Marcos. La respuesta fue la cara de sorpresa de los expertos. Les dieron una nueva pista». No he encontrado la obra de Imelda, pero tras nuevas indagaciones, tenía un cuadro de la Marquesa con las mismas medidas que el ejemplar que he comprado», afirma el galerista, marcando el camino de un nuevo descubrimiento.

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Francisco Franco recibió una carta dirigida a la Casa Civil del Generalsimo el 20 de octubre de 1942, en la que se le acusaba de deber 9. 000 pesetas por no haber pagado tres copias del cuadro de Goya, concretamente el retrato del dictador que lo había comprado con la intención de regalárselo a Hitler. Según se desprende ahora del documento que el historiador del arte José de la Mano, apasionado admirador del pintor, adquirió a finales de 2025 en El Rastro de Madrid, encargó estas versiones para regalarlas, pero a la hora de pagar no lo hizo. Seguir leyendo

 

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