La Brigada de Patrimonio Histórico recuperó dos piezas de incalculable valor de un yacimiento del sur del país entre 2007 y 2008 y «subastadas por varios millones de euros» en 2012, según la Brigada de Patrimonio Histórico.
La primera vez que se tuvo constancia de su existencia fue hace diez años. Se trataba de una pareja escultórica de época romana que representaba a dos muchachas de bronce persiguiendo a dos pájaros, del mismo material, que entonces se exponía en el Museo Metropolitano de Nueva York, cedida por un coleccionista privado. En aquel momento, la Policía Nacional sólo sospechaba que estas piezas, de los siglos I y II, podían ser de origen español, fruto de una expoliación. Como jefa de la Brigada de Patrimonio Histórico, Montserrat de Pedro sabe que lo más importante es «observar, escuchar, hablar con mucha gente y estar en muchos sitios». Ella y su equipo están siempre atentos a múltiples indicios. En este caso, había dos señales: esa exposición en Nueva York y una denuncia en Suiza en 2018 por fraude y falsificación de documentos. Esta última pista ha sido clave para la recuperación de las dos esculturas que han sido depositadas esta mañana en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Pero tuvo que pasar una década. Se recuperó más información de una corona visionaria del siglo VI en una operación contra una banda de expoliadores. «Cuando se expone una pieza», dice De Pedro, los implicados la dejan «dormir un rato». «Así que puede ser que la gente se olvide o, más lamentable aún, prescriba el delito». Según los investigadores, se cree que el responsable de usurpar el yacimiento arqueológico del que procedían las esculturas esperó 10 años para denunciar a sus compatriotas, que habían «robado» las obras tras llevarlas al Reino Unido y luego a Suiza con la intención de restaurarlas, según le dijeron. Entre 2007 y 2008, según los investigadores. Pero fue engañado y nunca más tuvo acceso a ellas. Pasado el tiempo de prescripción de los delitos de expolio y blanqueo de capitales, los denunció ante la justicia suiza en 2018, argumentando que pertenecían a su familia desde hacía décadas. Los acusados eran ocho personas de distintas nacionalidades. Según declaró a las autoridades suizas, una vez restauradas las piezas, sus «socios» se dieron cuenta de que estaban ante un conjunto único que podría estar valorado en varios millones de euros y decidieron cerrar un acuerdo con él para realizar la venta y repartirse los beneficios de la misma. Su parte del botín nunca llegó. Una de las esculturas de bronce recuperadas por la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional. ZIPI (EFE) En el procedimiento judicial, iniciado en 2018 y recogido por la prensa suiza, influyeron especialmente dos de los denunciados por los españoles: un ciudadano suizo de 51 años y un italiano de 80, ya conocido por la Brigada de Patrimonio Histórico por su relación con otros casos de tráfico de bienes culturales. «Se dedicaban a tramitar documentación falsa para su exportación o blanqueo», explica a EL PAÍS el inspector De Pedro. «Las cosas suelen funcionar así: si los objetos expoliados son monedas, una hebilla o fíbulas, suelen ser más fáciles de colocar en el mercado», continúa el agente, «pero blanquear piezas como estas esculturas requiere de una red mucho más amplia y organizada, con contactos fuera de España». «No es fácil vender dos esculturas de este calibre por el dinero que valen», dice el jefe de la Brigada, haciendo un gesto entre comillas al referirse al valor de las piezas, porque es más histórico que económico. Los técnicos lo entendieron. Primero tuvieron su origen y luego se introdujeron en el mercado legal del arte europeo, hasta que en 2012 se subastaron. Los investigadores no han podido fijar el precio, pero se estima que fue de varios millones de euros, pagados por un coleccionista privado estadounidense. El coleccionista decidió entonces cederlas al Museo Metropolitano de Nueva York para su exhibición temporal en una exposición privada. El tiempo que estuvieron expuestas es incierto y «se desconoce cuándo fueron retiradas», confiesa De Pedro. Pero fue suficiente para levantar las primeras sospechas en la Brigada de Patrimonio Histórico. Las informaciones sobre el juicio en Suiza les impulsaron a seguir investigando y las pruebas aportadas por el denunciante español durante el juicio contra sus compinches fueron definitivas para concluir que procedían de un yacimiento español, que localizaron en el sur de la Península, aunque el punto exacto aún no ha quedado claro: fotografías de los bronces en su domicilio en España antes de ser restaurados, así como documentos notariales en los que familiares y amigos del denunciante se atribuían la propiedad de las esculturas. Los investigadores identificaron al denunciante y, tras diversas gestiones en su entorno, se recabaron nuevos datos que demostraron que las esculturas no habían pertenecido a su familia durante décadas, sino que habían sido expoliadas. «En este caso, todos los delitos de todas las personas a las que acusamos estaban ya prescritos», afirma el agente De Pedro. La Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional solicitó ayuda a la Embajada de Estados Unidos en Madrid porque las pruebas más recientes se encontraban en Estados Unidos. Tras las gestiones, contactaron con el propietario de las esculturas. El coleccionista norteamericano, que alegó que había adquirido las figuras «de buena fe», una vez que supo que su origen era un expolio arqueológico, decidió entregarlas irrevocable y gratuitamente a España «sin entrar en un pleito que hubiera perdido sin ninguna duda», afirma el inspector. Detalle de una de las esculturas de bronce recuperadas por la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional.. ZIPI (EFE) Finalmente, el 20 de diciembre las piezas llegaron al aeropuerto de Madrid procedentes de Estados Unidos y esta mañana han sido depositadas en el Museo Arqueológico Nacional. Allí, la directora general de Bienes Culturales y Bellas Artes, Ángeles Albert de León, recordó «la importancia de la colaboración entre instituciones en materia de patrimonio histórico». «Los pasos son largos», dijo Albert de León, «pero al final todo sale a la luz». «Cada vez que hay un robo, nos roban a todos», para después lanzar un dardo a los piratas y traficantes: «El patrimonio histórico se recupera». Las esculturas van a ser analizadas por expertos y se espera que sean expuestas en el Museo Arqueológico en el segundo semestre del año. «Un año de éxitos» Con esta recuperación se cierra un «año de éxitos», dijo el jefe de la UDEV Central, José Ángel González, en el que la brigada recuperó, en 2025, más de 10, 000 objetos arqueológicos de diferentes épocas y con un «enorme valor económico e histórico». El principal representante de la Policía Nacional en la sala de actuaciones se refirió a la última operación en la que se recuperó una corona de visigoda y al lugar donde fue expoliada. También se han incautado cuadros que habían sido sacados de España de autores famosos, como por ejemplo el pintor Joaquín Sorolla.
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Hace diez años, hubo la primera evidencia de su existencia. Se trataba de una pareja escultórica de época romana que representaba a dos muchachas de bronce persiguiendo a dos pájaros, del mismo material, que entonces se exponían en el Museo Metropolitano de Nueva York, cedidas por un coleccionista privado. La Policía Nacional sólo tuvo la sospecha en su momento de que estas piezas, que datan de los siglos I y II, pudieran ser de origen español a raíz de una exposición. Montserrat de Pedro, la líder de la Brigada de Patrimonio Histórico, es consciente de que lo más crucial es «observar, escuchar, hablar con mucha gente, y estar en muchos sitios. » Ella y su equipo están siempre atentos a diversas señales. En este caso, hubo dos indicios: esa exposición en Nueva York y una denuncia en Suiza en 2018 por estafa y falsificación de documentos. La recuperación de las dos esculturas que se depositaron esta mañana en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid era crucial para esta última pista. Pero tuvo que pasar una década.
