“¡Viva España…, pero no la casta!”

Toreros y toros en un espectáculo apasionante durante el primer mes de agosto en Madrid

  

En medio de una presión insoportable, cuando el reloj de la plaza de Madrid marcaba más de las 11:00 de la noche, el escaso público que se había acercado a aquel horno comenzó, a su vez, con el concierto patriótico. El que abrió la puerta fue un niño sentado en el fondo de la sala: «¡Viva España! », gritó tímidamente. Pocos le respondieron. En cuestión de segundos, una voz más potente repitió el grito. Esta vez, se unieron unos cuantos más. A partir de ahí, y mientras Alejandro Peñaranda intentaba pasar, se oían gritos uno tras otro: «¡Arriba España! », «¡Viva el Rey! ». Así es, a nadie se le ocurrió ensalzar el toreo puro y la espantosa casta. Es cierto que tampoco había motivo para ello. Hay que tener ya una afición, o una moral (que viene a ser lo mismo en este caso), para dejar de lado el frescor de la piscina o el aire acondicionado y pagar por estar sentado más de dos horas sobre una piedra ardiente para presenciar semejante espectáculo. ¡Menudo golpe! La corrida de José Enrique Fraile de Valdefresno, en su conjunto —aunque muy desigual en cuanto a dificultades y tipos—, fue una mansada sin casta que se movió sin malicia ni emoción alguna. La excepción fue el ejemplar que abrió la plaza, que sí tuvo garra y fondo. Por supuesto, salió del ruedo con las orejas intactas. Luis David Adame, a quien le sonreió la suerte, se limitó a llevar a cabo una faena superficial, descoordinada y casi siempre en línea. Dejó, sí, alguna ronda de valiosa profundidad en un palmo de tierra. Un balance escaso para una tarea interminable. Al igual que en la sala, escuchó una advertencia antes de entrar en la sala para matar. Tiene delito. Peor aún se comportó su segundo, un manso que, tras ser cortado en el primer cambio, siguió corriendo y asustando. El mexicano se lanzó a la calle central y se arrojó a los brazos del populismo más burdo. Basándose en matones, siempre mal situados, su faena fue un compendio de diversas vulgaridades. Poca suerte tuvieron Alejandro Mora y su tocador Peñaranda. Sus lotes, nobles, pero de condición dócil, y desprovistos de casta y clase, no dijeron nada. Igual que ellos, que simplemente estaban justificados. Lo mejor de la actuación de Mora fue una inestimable salida de la Verónica que realizó antes de la primera de la tarde. Antes de la segunda, medio moribundo, no tuvo otra opción, y acabó sin atreverse con la quinta, que era corta y se vio frustrada por su falta de fuerzas. El tercero, que era noble y estaba en buen estado, no volvió dos veces. Y el último se movió, pero a la baja. Peñaranda, tan correcto como frío, dio pases. La ovación de la noche, tal vez, fue la que dedicaron los guiris y otros turistas al primer toque de clarines y timbales, antes de la salida. Así es Madrid. Y la fiesta. . . por José Enrique Fraile de Valdefresno, la mayoría de ellos serios y bien presentados, aunque muy desiguales en cuanto a tipos y penas. La 5. ª, sin trampa para Madrid, y la 6. ª, justa. Excepto el buen 1, codicioso y con transmisión, los mansos, los nobles y los desaltados. Luis David Adame: _ advertencia _ tres pinchazos, media estocada _ segunda advertencia _ y tres desestocadas (silencio), _ advertencia _ estocazo y estocada (ligera división). Alejandro Mora: dos estocazos y una estocada que guarda (silencio), estocada caída (silencio). Alejandro Peñaranda: estocazo y estocada (silencio), estocada frontal y muy contraria a la expuesta y una desahalo (palmas y de Las Toros). 6 de agosto. Menos de una cuarta parte del público (7. 053 personas, según la organización).

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El escaso público que había acudido comenzó con el concierto patriótico a su vez, cuando el reloj de la plaza de Madrid marcaba más de las 11:00 de la noche; la presión era absoluta. Un niño estaba sentado en el umbral de la puerta cuando esta se abrió, y gritó «¡Viva España! » tímidamente. Pocos le respondieron. Una voz más potente repitió la canción de forma rápida y enérgica. Esta vez se sumaron unos cuantos más. Seguir leyendo José Enrique Fraile de Valdefresno / Adame, Mora, Peñaranda. Toros de José Enrique Fraile de Valdefresno, en su mayoría serios y bien presentados, aunque muy desiguales en cuanto a tipo y comportamiento. El quinto, sin trampa para Madrid, y el sexto, justo. Mansos, nobles y desaltados, salvo uno bueno, voraz y con transmisión. Luis David Adame: _ amonestación _ tres pinchazos, media estocada _ segunda amonestación _ y tres desestocadas (silencio), _ amonestación _ estocazo y estocada (ligera división). Alejandro Mora: dos estocazos y una estocada que guarda (silencio), estocada de caída (silencio). Alejandro Pearanda: estocazo y estocada (silencio), estocada frontal y muy contrarito que espera y una deshaelo (palmas y de Las Toros). 6 de agosto. Menos de un cuarto de aforo (7 053 espectadores, según la empresa).

 

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