Un poeta colombiano que utiliza peones y un periodista salvadoreño galardonado que ha doblado cajas son los ganadores de los premios de relatos de migrantes de Cuenta Centroamericana y la UNAM.
Si el alma de los migrantes latinoamericanos en España puede encarnarse en dos representantes con mucho que decir, aquí los tenemos: Yeisson Vargas, una colombiana de 30 años con el título de Comunicación Social y Periodismo, hoy peón de la construcción en Alicante, y Valeria Guzmán, una periodista salvadoreña de 31 años con un amplio currículum que en Barcelona ha logrado sobrevivir doblando cajas o sirviendo café. Ambas han sido galardonadas con el premio a los mejores relatos sobre migrantes organizado por el Festival Centroamericano y la Universidad Autónoma de México en Madrid. En él han participado autores de 20 países desde las 16 comunidades autónomas en las que residen. ¿Qué le trajo a España? La búsqueda de una vida mejor. En Colombia, querer ser escritor es como querer morirse de hambre y eso está bien al principio de los 20, pero luego hay que pensar en el bolsillo y no sólo en el corazón. Y quien puede ofrecer mejores oportunidades a los latinoamericanos es España. Valeria Guzmán. Ya no podía ser periodista en El Salvador por las condiciones políticas de mi país, mi pareja vivía aquí y por eso llevo cuatro años. Si mi pareja hubiera estado en Guatemala, yo estaría en Guatemala. ¿Cómo les trata España? Valeria Guzmán. Mal. Mis lazos y la gente que tienes cerca, muy bien. Pero la realidad política es que España es muy dura con la realidad migrante. Todo es muy difícil, desde conseguir trabajo hasta aprobar los títulos. Y el crecimiento del fascismo mundial permite que crezca el discurso del odio. Q. ¿Encuentra racismo? Sí, sí. Está el vecino que me grita «caramelito» en la puerta de mi casa. Y el que me felicita por hablar español. Yeisson Vargas. España me ha tratado bien porque he podido trabajar y poner un pan en mi mesa. He tenido choques culturales, pero gracias a Dios he encontrado más gente buena que mala y España me ha dado una oportunidad que no me dio Colombia, de ser medianamente valorado, así que estoy feliz. Siento que España me quiere y yo quiero a España. Yeisson Vargas y Valeria Guzmán, ganadoras del concurso cuenta migrante. Álvaro GarcíaP. ¿No pueden ejercer sus profesiones aquí? He hecho de todo, he sido vendedora de café, dobladora de cajas, ayudante de vía, siempre entre la informalidad y el trabajo eventual y fijo. Ahora edito una revista y proyectos antirracistas en el barrio de Roquetas de Barcelona. Yeisson Vargas. Siempre he tenido mucho trabajo tanto en la construcción como en la comunicación. Hay personas que han descubierto virtudes en mí que yo no conocía y de las que me aprovecho para que me paguen por ello. Como hacer escudos familiares o videos. Q. ¿Cree que la presencia latinoamericana tiene presencia y está bien representada? Valeria Guzmán. No, hay una gran negación del aporte que hacemos y una gran infantilización, pero creo que está mejorando. Hay gente que abre las puertas a muchos migrantes que están aquí. Un poco más. La imagen de los migrantes es supernegativa, también de los latinoamericanos. Dentro del sabor del racismo hay un poco de camaradería para los latinoamericanos frente a la mirada para los marroquíes, por ejemplo. Yo lo veo en mi barrio de Roquetas. P. Usted recibió un premio de la Sociedad Interamericana de Prensa por su trabajo sobre los desaparecidos en El Salvador. ¿Siente que en España hay conciencia de lo que ocurre en su país? Valeria Guzmán. Ese tema me hizo conocer historias muy duras, sobre todo marcó el trabajo sobre dos jóvenes hermanos desaparecidos y asesinados. Aquí todavía no he conseguido un trabajo como tal en el periodismo, pero sí he notado la solidaridad de los compañeros con la realidad que vivimos allá. P. Usted es peón y poeta. Ha recibido varios premios en español. Yeisson Vargas. Poeta es un título que me han dado terceros. Lo que me está pasando ahora con mis textos aquí me hubiera gustado vivirlo en Colombia. Q. ¿Y qué echa de menos? Yeisson Vargas. No vivimos en un presente estable ni en un futuro perfecto, vivimos lastimosamente en la realidad que nos llega, con las condiciones que nos tocan y futuros que ya no se juntan. Q. ¿Y en términos materiales? En su relato menciona que el pan no es pan. Yeisson Vargas. Es como el español. Hablamos el idioma, pero en España uno se siente hijo de un legado que no le reconoce. Lo mismo pasa con el pan, tendrá los mismos ingredientes, pero la preparación y la forma de sentirlo y probarlo es otra sensación, es una prueba y no una prueba, una prueba que no sabe muy bien. Escribe sobre conversaciones a otras velocidades. He descubierto que lo quieren todo para el momento, y ojalá antes hubieran preguntado. Y aprendes códigos sociales diferentes, entonces cuando ves a la gente que dejaste atrás cuando emigras, ya te notan diferente. También habla de ver a su madre en píxeles de baja resolución. Somos memoria, pero los recuerdos pierden fuerza y la mirada sobre mi familia se aleja un poco, con menos calidad. P. Valeria, describes la segregación tan marcada entre las rubias de la oficina y las morenas doblando cajas en el almacén. ¿Es ésa su experiencia? Sí, he trabajado doblando cajas y he estado en situaciones en las que he sentido esa diferencia. También lo llamaron negro, un color en el que ni siquiera habías pensado. Me pasó en la marcha del 8M en Barcelona el primer año que viví aquí. Todo iba superbien con unas chicas, fuimos a la manifestación y una de ellas me presentó a alguien que necesitaba entrevistar a una persona para un trabajo en la universidad y me dijo: «Te traigo para que entrevistes a una negra». ¡Una compañera feminista el 8M! Le dije: «Yo no soy negra», no porque sea algo malo, sino porque estaría asumiendo una experiencia que no es la mía. Y como si la identidad fuera algo que alguien externo bautiza, me dijo: «Eres morena». Nunca había pensado en eso, nunca había pensado en qué color del pantone es mi piel, y la primera vez fue un 8M y fue dur. P. ¿Piensa volver? Sí, me gustaría volver a El Salvador y ver crecer a mis sobrinos. Yeisson Vargas. Sí, pero en otras condiciones, vale la pena.
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Si las voces de los migrantes latinoamericanos en España pueden encarnarse en dos representantes con aportaciones significativas: Valeria Guzmán, una periodista salvadoreña de 31 años con un amplio currículum y Yeisson Vargas, una colombiana de 30 años con el título de Comunicación Social y Periodismo, que actualmente es peón de obra en Alicante. El Festival Centroamericano y la Universidad Autónoma de México en Madrid recibieron el premio a los mejores relatos de migrantes. Desde las 16 comunidades autónomas en las que residen, han asistido autores de 20 países.
