Historia: Los hombres que hicieron posible la Restauración de la Independencia

Los militares y los civiles se enfrentaron a España en la Guerra de la Restauración, que fue un esfuerzo colectivo por recuperar la soberanía dominicana. Durante ese acontecimiento nacional histórico, Gregorio Luperón, Santiago Rodríguez, Gaspar Polanco, Benito Monción, Pepillo Salcedo y Benigno Filomeno de Rojas desempeñaron papeles significativos.

 

Los militares y los civiles se enfrentaron a España en la Guerra de la Restauración, en un esfuerzo colectivo por recuperar la soberanía dominicana. Durante ese acontecimiento nacional histórico, Gregorio Luperón, Santiago Rodríguez, Gaspar Polanco, Benito Monción, Pepillo Salcedo y Benigno Filomeno de Rojas desempeñaron papeles significativos.

  

La Guerra de la Restauración no fue obra de un solo hombre. Aunque Gregorio Luperón ocupa un lugar central en la memoria de aquella gesta, la recuperación de la soberanía dominicana frente a España fue posible gracias a la acción conjunta de militares, políticos, comerciantes, campesinos y líderes regionales que, a pesar de sus diferencias e incluso de los enfrentamientos internos, acabaron remando en la misma dirección: restaurar la República. El levantamiento comenzó el 16 de agosto de 1863, cuando España se vio obligada a abandonar el territorio dominicano a raíz del Crito de Capotillo, lo que desencadenó un conflicto que duró casi dos años. La lucha, sin embargo, estuvo marcada por una combinación de acciones militares, organización política, redes de apoyo y disputas sobre el rumbo del movimiento. Santiago Rodríguez, el organizador del levantamiento En la frontera norte, Santiago Rodríguez fue uno de los principales impulsores de la conspiración que condujo a Capotillo. Su conocimiento de la región y sus vínculos con los sectores rurales fueron fundamentales para reunir hombres y recursos en una etapa en la que la insurrección aún podía ser sofocada. Junto con José Cabrera, Benito Monción y otros combatientes, Rodríguez participó en la acción del 16 de agosto de 1863, cuando se izó de nuevo la bandera dominicana en Capotillo. A partir de entonces, el levantamiento comenzó a extenderse por el Cibao y adquirió unas dimensiones que hacían cada vez más difícil su contención por parte de las autoridades españolas. Su papel, por lo tanto, no se limitó al acto simbólico de izar la bandera. Rodríguez formó parte de la estructura que permitió que una conspiración regional se convirtiera en una guerra nacional. Gaspar Polanco, fuerza militar y estrategia. Si Santiago Rodríguez contribuyó a poner en marcha la insurrección, Gaspar Polanco fue uno de sus principales hombres de armas. Con escasa formación académica, pero reconocido por sus dotes militares, Polanco alcanzó un importante liderazgo dentro del Ejército Restaurador. Uno de sus episodios más recordados tuvo lugar durante los combates en Santiago en septiembre de 1863. Ante la resistencia de las tropas españolas en la Fortaleza de San Luis, Polanco ordenó incendiar algunos sectores de la ciudad. El fuego destruyó gran parte de Santiago, pero también contribuyó a presionar a la guarnición española y a obligarla a retirarse. La decisión pone de relieve el quid de un conflicto en el que los restauradores utilizaron tácticas de tierra drenada para impedir que las fuerzas españolas consolidaran sus posiciones. Polanco tampoco fue solo un comandante. En octubre de 1864, asumió la presidencia del Gobierno Restaurador, aunque su mandato terminó unos meses más tarde, en medio de fuertes cuestionamientos y divisiones políticas. Benito Monción y la guerra de guerrillas Benito Monción fue otro de los protagonistas de Capotillo y uno de los comandantes que mejor representó el carácter irregular de la guerra restauradora. Su experiencia en la zona fronteriza y su conocimiento del terreno favorecieron el uso de pequeñas unidades móviles capaces de hostigar a las tropas españolas, atacar sus líneas de comunicación y dificultar el desplazamiento de hombres y suministros. Mientras el ejército español intentaba recuperar el control de las principales poblaciones, los restauradores mantenían una presión constante mediante emboscadas y ataques rápidos. Esta forma de combate acabó convirtiéndose en una de las principales herramientas para desgastar a un ejército que, a pesar de su superioridad material, tenía enormes dificultades para controlar el territorio. Monción también se encontraba entre los hombres que participaron directamente en el levantamiento de Capotillo, junto con Santiago Rodríguez, José Cabrera y Pedro Antonio Pimentel. José Antonio Salcedo, el liderazgo político La guerra también requería un gobierno. Tras los primeros triunfos restauradores, los líderes del movimiento tuvieron que crear una estructura política capaz de gestionar los territorios bajo su control y presentar la lucha como una defensa de la República. En ese contexto, apareció José Antonio Salcedo, conocido como Percillo, quien asumió la presidencia del Gobierno Restaurador Provisional establecido en Santiago. Su administración tuvo que hacer frente simultáneamente a las exigencias militares, a los recursos limitados y a las diferencias entre los distintos grupos que integraban el movimiento. Las tensiones fueron en aumento hasta que fueron destituidos y posteriormente ejecutados. Su caída demuestra que la Restauración distaba mucho de ser un movimiento completamente homogéneo: las diferencias sobre la conducción de la guerra y el futuro político del país también formaban parte del conflicto. Benigno Filomeno de Rojas, la dimensión institucional. Mientras los comandantes dirigían las tropas, Benigno Filomeno de Rojas aportaba una dimensión política y jurídica fundamental. Rojas desempeñó un papel significativo en la formación del Gobierno Provisional y fue una de las figuras civiles más destacadas del movimiento restaurador. Los documentos conservados por el Archivo General de la Nación muestran su presencia en las estructuras gubernamentales creadas durante la guerra y, posteriormente, en el Consejo Superior de Gobierno. Su participación hizo que la Restauración pareciera más bien un levantamiento militar. El movimiento pretendía recuperar la soberanía, pero también reconstruir las instituciones republicanas. De hecho, el Archivo General de la Nación conserva la constitución del Consejo Superior de Gobierno del 24 de enero de 1865, en la que Benigno F. de Rojas figura como presidente y Gregorio Luperón como vicepresidente. Luperón y una victoria colectiva Gregorio Luperón acabó convirtiéndose en la figura militar más emblemática de la Restauración, pero reducir los méritos a su liderazgo sería omitir una parte esencial de la historia. La victoria dominicana fue el resultado de una combinación de liderazgoes. Santiago Rodríguez aportó la organización; Gaspar Polanco, la capacidad militar; Benito Monción, el dominio de la guerra irregular; Pepillo Salcedo, el liderazgo político; Benigno Filomeno de Rojas, la estructura institucional; y Luperón, una extraordinaria capacidad de mando y movilización. A ellos se unieron Pedro Francisco Bonó, Pedro Antonio Pimentel, José Cabrera y numerosos combatientes anónimos que mantuvieron la lucha en distintos puntos del territorio. La propia documentación histórica demuestra que la Restauración tuvo una dimensión política y militar compleja. El Archivo General de la Nación conserva, entre otros documentos, la Acta de Independencia del Gobierno Restaurador, firmada en Santiago el 14 de septiembre de 1863, en la que se exponen los motivos de la restauración de la República y la defensa de la libertad. Finalmente, España decidió abandonar el país en 1865 y anuló el pacto de anexión. La guerra había dejado ciudades destruidas, una economía devastada y profundas divisiones políticas, pero también había logrado su objetivo fundamental: recuperar la soberanía dominicana. Por lo tanto, la Restauración debe entenderse como una labor colectiva. Sus protagonistas tenían diferencias, cometieron errores y, en algunos casos, acabaron enfrentándose entre sí. Sin embargo, en medio de estas contradicciones, fueron capaces de llevar a cabo una lucha que devolvió a la nación su condición de República independiente.

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