Historias del color: del opulento negro de Felipe II al carmín de las cochinillas

Con obras de Albs, Sempere, Serra o Lanceta, la exposición «Coloramas» analiza el origen de los tonos cromáticos y su papel en la creación contemporánea en el MACA de Alicante.

  

No solo los metales preciosos engrosaban el botín que los piratas ingleses obtenían al asaltar los barcos del imperio de Felipe II. El pigmento negro que se extraía de la rama de campeche, un árbol que crece en la península de Yucatán (México), causaba más de un problema a los cargueros del poderoso monarca. Las austeras vestimentas de las cortes europeas se confeccionaban en un marrón muy oscuro. Pero el pigmento vegetal importado de América proporcionó a los españoles un negro puro, que convirtieron en símbolo de poder y riqueza. Ese mismo negro matizado lo utilizó, cuatro siglos más tarde, Richard Serra en un grabado que demostraba que el color también puede convertirse en materia con peso. Tanto la obra de Serra como una muestra de palo de campeche se exponen en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA) en la exposición «Coloramas». La historia de este pigmento codiciado por los piratas ingleses está ligada a la de la púrpura, el color propio de los líderes religiosos y los soberanos, que se extraía de las glándulas de un caracol marino y, por ello, llegó a alcanzar un valor superior al del oro. O el del azul de ultramar, que fue un regalo de la Iglesia que se utilizó para decorar sus templos y era tan caro que tuvieron que reducirlo para que reflejara el manto de la Virgen. Los visitantes observan las obras expuestas en la muestra «Coloramas», en el MACA. Natalia Pea, del Departamento de Educación y Mediación del Centro Alicantino, una joven de 20 años que participa en una visita guiada, explica la evolución del color, desde las pinturas oxidadas hasta el desarrollo de la pintura sintética en 1856, gracias a un error cometido por William Henry Perkin, quien buscaba un remedio contra la malaria y acabó patentando un tono de malva. A Paul, un niño de 12 años que ha acudido al MACA con su madre, su abuela y sus dos hermanas, también le llama la atención la historia de la cochinilla, el insecto que proporcionó el carmín a las paletas de los artistas y que todavía se utiliza en la fabricación de pintalabios o para dar color a helados, yogures y piruletas de fresa. Peña utiliza los tejidos cedidos por la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara de Madrid y una colección de artículos recopilados por la experta en tintes Ana Roquero para poner de manifiesto la importancia del color en nuestras vidas y superar los debates científicos y filosóficos generados en torno a su existencia y percepción humana. La obra «Alpino», del Chronic Team, y la «Virgen amarilla» de Katharina Fritsch dan paso a la segunda parte de la exposición. «En el siglo XX, el color adquiere protagonismo», explica la mediadora, «y pasa de ser un adjetivo a convertirse en un sustantivo». Obras expuestas en la muestra «Coloramas», en el MACA. El Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA), en el que se centra el siguiente capítulo, es el segundo museo mejor valorado de la Comunidad Valenciana después del IVAM de Valencia, según la Fundación Contemporánea. «Coloramas» surgió a partir de una exposición con la que la Fundación March exploró la filosofía del color en 2025. Pero el centro alicantino hace suya la idea y expone sus propias piezas. Desde los legados de Eusebio Sempere o Juana French, ambos presentes en la muestra, hasta los recientemente donados por los coleccionistas Jenkins y Romero, pasando por los de la Fundación Mediterránea, actualmente custodiados en el MACA, e incluso por los fondos municipales. En todas ellas, el color cobra vida. «Con la invención de los tubos de pigmento, el artista ya puede salir de su estudio», explica Peña, «con la llegada de la fotografía, el artista se libera de la realidad». Los cielos ya pueden ser verdes, los personajes, figuras geométricas en tonos primarios. Un marco ya no tiene por qué ir acompañado de blanco, negro, azul o dos tonos de rojo. La sala en la que cuelga un pequeño «sempere» —en el que el artista de Onil aún no juega con las líneas, sino con su paleta— se transforma gracias a una serie de obras de Josef Albers, quien demostró que la percepción del color depende del tono que lo rodea. Al otro lado, un mapa cromático de Teresa Lanceta. Y, entre otras piezas, el grabado con el que Richard Serra dotó a la textura negra de cuerpo y peso, al tiempo que estudiaba las propiedades del acero que luego trabajaría en volúmenes gigantescos como los que se exhiben en el Guggenheim de Bilbao. Una mujer fotografía una imagen presentada en la exposición «Coloramas». Rafa Burgos. En esta sala, cuatro educadores del Museo de Historia (MAHE) y de Arte Contemporáneo (MACE) de Elche, que han acudido para conocer técnicas para sesiones guiadas, agudizan sus sentidos. La primera sala, según Nicholas, uno de ellos, «tiene casi más que ver con la arqueología», pero se basa en las sensaciones que cada obra infunde en el espectador. El color como condición que influye en el estado de ánimo, según Peña. La muestra permanecerá abierta hasta el 13 de septiembre, aunque la dirección está valorando su prórroga, según fuentes del MACA.

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El botín que los piratas ingleses que asaltaban los barcos del imperio de Felipe II estaban acumulando no se limitaba a los metales preciosos. El pigmento negro que se extraía de la rama de campeche, un árbol que crece en la península de Yucatán (México), causó más que un lío a los buques de carga del poderoso monarca. Se utilizaba un marrón muy oscuro para confeccionar las austeras vestimentas de las cortes europeas. Pero este producto vegetal importado de América proporcionó a los españoles un negro puro, lo que convirtió este color en un símbolo de poder y riqueza. En un grabado que demostraba que el color también puede convertirse en materia con peso, ese mismo hombre de negro matizado lo utilizó cuatro siglos más tarde Richard Serra. En el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA), durante la exposición «Coloramas», se exponen tanto la obra de Serra como una muestra de una varilla de campeche. Sigue leyendo

 

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