Santiago Muñoz Machado, director de la RAE: “El inglés no está destrozando el español”

El académico supervisa la presentación de la 24. ª edición del Diccionario y valora el potencial del español a escala mundial.

  

En la presentación, el viernes, de la 24. ª edición del Diccionario, con sus más de 6. 000 nuevas entradas, Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, Córdoba, 77 años), director de la RAE, eligió su palabra favorita: tolerancia. Quizá la palabra que mejor refleja el clima actual de la institución, del acto en el que se presenta la 24. ª edición del Diccionario de la Lengua Española (con la colaboración de los directores de todas las academias de español del mundo) y de la propia obra —que, además de ser la primera concebida desde el principio en versión digital, es aquella en la que se recogen más variedades geográficas de la lengua española—, es el final de su segundo mandato —no confirma ni desmiente que en diciembre optara por un tercero—, y Hablamos con el director de la RAE sobre esta nueva edición, sobre la salud del español, sobre la influencia de la tecnología en el habla y sobre el futuro mismo de la lengua. ¿Qué sensación le produce la publicación de esta edición? Bueno, es uno de los grandes hitos de nuestra Academia. Por eso me alegra mucho que el final de mi mandato al frente de la Academia coincida con la presentación del Diccionario. Muy contento, esa es la conclusión. Y satisfecho, sobre todo, con el trabajo realizado por los equipos, los académicos y el personal de la RAE en esta nueva edición. No todos los directores llegan a ver el nacimiento de una nueva edición. P. ¿Cómo surge esta nueva edición? En 2019, cuando celebramos el Congreso de las Academias en Sevilla, todos nos comprometimos a que 2026 fuera el año de la presentación. Podría haber sido el 25 o el 27, pero el 26 es el último año de mi segundo mandato y está bien que se haga casi coincidiendo con el final, ¿no? El último diccionario se publicó hace 12 años. ¿Qué ha cambiado en el español, en la lengua, en estos doce años? Bueno, han ocurrido muchos acontecimientos sociales, tecnológicos y científicos que han influido en la lengua. Suelo decir que hay momentos en la vida de las lenguas en los que se acelera el enriquecimiento léxico, porque aparecen muchas palabras nuevas. Y nos encontramos en un momento así. Ha habido otros momentos en la historia en los que el impulso ha venido dado por cambios políticos o históricos. Pero ahora, fundamentalmente, los cambios son tecnológicos. El ámbito de las redes, de Internet. . . todo esto influye inevitablemente en el vocabulario, que se ha enriquecido enormemente. Pero incluso si esta gran renovación léxica no se hubiera producido, siempre estaríamos en proceso de renovación, porque el diccionario es siempre una herramienta lingüística en constante mejora. P. Viva. R. Viva y eterna, en el sentido de que siempre requiere atención, renovación, incorporación no solo de nuevas palabras, sino también de mejoras en las que ya están incluidas. Este diccionario tiene una vocación muy panhispánica. ¿Cómo se respeta a todos esos españoles de los que hablas, sin privilegiar una variedad del español sobre otra? Bueno, hay una parte del español, de la lengua española, que es común y, por lo tanto, no da preferencia a nada, pero en realidad utilizamos el mismo vocabulario, el mismo léxico en todas partes. El diccionario, sin embargo, comenzó siendo un diccionario de la lengua española, así se llamaba, porque lo que se tenía en cuenta era, en realidad, la lengua peninsular. Desde 1925 empezaron a aparecer en el diccionario muchas palabras de otros países y este ha sido un proceso que se ha ido perfeccionando con el tiempo. Ahora colaboran todas las academias en ello, porque cualquier modificación del diccionario requiere la participación de todas ellas. Esta es la edición más rica, desde el punto de vista de la presencia del vocabulario americano, que jamás haya habido en la historia de la Academia. Pero no es más que un paso: hay mucho vocabulario por incorporar y lo vamos a hacer. Santiago Muñoz Machado, el lunes en la sede de la RAE con la nueva versión impresa del Diccionario. Jaime Villanueva P. Habló de estos momentos de aceleración, de neologismos, y en este caso tienen que ver con la tecnología. ¿Tiene la RAE que adaptarse a estos nuevos usos lingüísticos tecnológicos? ¿Deben prestar más atención, por ejemplo, a las redes sociales? Afirmamos que hemos sido la primera institución de nuestro tipo en darse cuenta de la gran importancia de la revolución de la inteligencia artificial. En primer lugar, debemos asegurarnos de que la inteligencia artificial no desvíe a nuestra hermosa lengua utilizándola incorrectamente o reinventándola, es decir, cambiando sus formulaciones principales, su vocabulario, creando además, en otro momento, dialectos digitales que se separen gradualmente del sistema de nuestra lengua. Para ello, fue necesario convencer a las grandes empresas tecnológicas de que utilizaran las propias herramientas de la RAE para entrenar a sus máquinas parlantes. Ahora, la RAE utiliza la inteligencia artificial para mejorar nuestro método de trabajo, para incorporar fórmulas técnicas que permitan que nuestras herramientas y nuestros documentos sean más accesibles. También nos sirve para conocer mejor cómo se está renovando el español. Disponemos de una herramienta que nos permite indagar en el universo de la prensa para averiguar qué palabras se están introduciendo y las guardamos en un repositorio para comprobar si se han consolidado, en caso de que no las tengamos en el diccionario. Este tipo de observatorio es fundamental para nuestro trabajo. Estamos aprovechando lo que resulta útil de la inteligencia artificial, que es mucho. En este mundo digital, a nivel global, el inglés está ganando terreno, imponiéndose en la creación de neologismos. Youtubers, creadores de contenido. . . todos utilizamos su vocabulario. ¿Hasta qué punto tiene el español la capacidad de generar sus propias palabras? ¿O nos estamos resignando a la imposición del inglés en estos últimos años? Me parece natural que se utilicen palabras en inglés para designar dispositivos, herramientas o técnicas que han inventado los países de habla anglosajona, que han inventado las empresas de Silicon Valley. Es una incomodidad, pero fueron ellos quienes lo inventaron, no nosotros. Así que es natural que quien inventa algo lo haga así. Por eso, el uso de estas palabras no nos escandaliza: intentamos buscar alternativas en español y, si las hay, las recomendamos, pero no siempre se encuentran. El español es una lengua mestiza, que siempre se ha formado a base de combinaciones. En otras épocas, otras lenguas universales, como el francés, ejercieron una gran influencia sobre nuestra lengua; ahora es el inglés. Pero, al fin y al cabo, si nos fijamos en lo mucho que se renueva el diccionario para incorporar palabras de este tipo, no es tan importante: cada año que se renueva el diccionario, quizá se incorporan unas diez palabras no castellanizadas, crudas, anglosajonas. El inglés no está destruyendo el español. Por supuesto, en términos académicos, no. Cuando surge una controversia con estas nuevas palabras, ¿cómo se aborda? ¿Qué ocurre cuando alguien está a favor de ser más abierto y otro de ser más conservador? Cuando hay un debate, siempre funciona de la misma manera, es decir, hablando en el mundo real. Disponemos de bases de datos, nuestro corpus, que nos indican si una palabra se utiliza mucho y de qué manera. Eso nos sirve de base para decidir si su uso está muy extendido y si debe incorporarse al diccionario o no. Normalmente dejamos que las palabras «reposen», que se asienten antes de aceptarlas. Pero si la realidad se impone, si la realidad es que el público la utiliza mucho, entonces la aceptamos y la incorporamos. No hay nadie que, ante la demostración de que el uso de una determinada palabra está muy extendido, se oponga. Pon un ejemplo personal. ¿Qué palabra relacionada con la tecnología utiliza el director de la RAE en su vida cotidiana? Tengo que pensarlo, pero seguro que muchas. . . Mira, por ejemplo, estamos debatiendo si merece la pena seguir diciendo «Twitter» y si merece la pena seguir diciendo «tuit» cuando la marca ya no es «Twitter», sino «X». Seguimos diciendo «tuit», es una palabra que no tiene alternativa. ¿Qué va a encontrar el lector en este diccionario? Nació en las circunstancias en las que nació. R. Encontrarás el mejor diccionario jamás publicado, donde podrás saciar toda tu curiosidad sobre el significado de las palabras y su etimología. En la edición digital también se encuentra un diccionario mucho más manejable, que te permite navegar por diferentes secciones, mucho más completo, ya que encontrarás muchas más palabras. «Copioso» es una palabra que utilizaron los fundadores de la Academia cuando elaboraron el primer diccionario, pues queremos crear un diccionario que sea lo más abundante posible. Además, este diccionario supone la puerta definitiva a un mundo digital que transformará radicalmente este tipo de obras, ya que serán más ricas y tendrán más contenido. P. Se acerca el final de su segundo mandato. ¿Te presentarás a la reelección? Bueno, solo sé que el 3 de diciembre son las elecciones. No me presento, y mi objetivo no es ser elegido. Mi objetivo, como lo ha sido hasta ahora, es ser útil a la Academia, prestar atención a un servicio público tan importante como la Academia y hacer por ella lo que la Academia solicite. Pero entiendo que los ocho años que llevo como director, más los tres años que he sido secretario, son muchos años… y si aparecen académicos que quieran ser directores, yo no seré quien se oponga.

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Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, Córdoba, 77 años), director de la RAE, eligió su palabra favorita: «tolerancia», en la presentación celebrada el viernes de la 24. ª edición del diccionario, que incluye más de 6. 000 nuevas entradas. Quizá la palabra que mejor refleja el clima actual de la institución, del acto en el que se presenta la 24. ª edición del Diccionario de la Lengua Española (con la colaboración de los directores de todas las academias de español del mundo) y de la propia obra —que, además de ser la primera concebida desde el principio en versión digital, es aquella en la que se recogen más variedades geográficas de la lengua española—, es el final de su segundo mandato —no confirma ni desmiente que en diciembre optara por un tercero—, y Hablamos con el director de la RAE sobre esta nueva edición, el estado del español, cómo la tecnología ha influido en el lenguaje y el futuro mismo de la lengua.

 

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