Vidrioso obituario por el alcalde Uruñuela de su teniente de alcalde Rodríguez Almodóvar

Sin respetar el contexto histórico, el PSOE sigue arraigado en los andaluces, distorsionándolo así en su lugar.

  

A Luis Uruñuela no le habría venido mal leer el obituario de su rival por la alcaldía, Antonio Rodríguez Almodóvar. Me lo contó y me dijo: «No es mala persona, pero tiene un nudo en el estómago que no le permite aceptar no verse a sí mismo como alcalde. No cree que su todopoderoso PSOE nos haya concedido a los andaluces nada menos que al alcalde de la capital de Andalucía. Y su represalia es recordármelo constantemente. A pesar de todo, es un detalle y se lo agradezco». Así era el alcalde Uruñuela. Dispuesto a analizar, solo por tu actitud, y siempre un señor en el sentido más humanizado de la palabra. Lo que Luis no podía imaginar es que la indigestión de Antonio iba a durar medio siglo. Era una extraña necrológica de este socialista, en la que habla más de sí mismo que del propio alcalde Uruñuela y en la que me cita una y otra vez, y en la que iba a tratar a nuestro difunto Partido Andaluz y a mí con la aversión de siempre, sin el más mínimo respeto por nuestro duelo. Una vez más, a través de sus palabras en este caso, el PSOE sigue mostrándose hostil hacia los andaluces, sin respetar la verdad histórica y tergiversándola en su propio beneficio. Esa fue la realidad. En primer lugar, los socialistas y los andaluces obtuvieron el mismo número de concejales en Sevilla y Granada. En segundo lugar: en las negociaciones de los alcaldes con los comunistas, tanto los socialistas como los andaluces dieron prioridad a Sevilla, como capital, tal y como habrían hecho todos los partidos políticos en todas las comunidades. En tercer lugar: gracias a la postura de los comunistas, los andaluces consiguieron la alcaldía. Con estos datos, ¿es razonable que Rodríguez Almodóvar afirme que «los andaluces vendieron su alma» en Granada y no diga que los socialistas la vendieron en Sevilla? No, nadie vendió su alma, nadie entregó Sevilla, nadie entregó Granada, porque no se puede entregar lo que no se tiene. Tuvimos que llegar a un acuerdo y se acordó de forma honorable. Optar por la capital es lógico y nadie puede sentirse ofendido. Otra cosa es que alguien mienta, engañe y que esa mentira, cuando la difunden los poderosos, se convierta en verdad, y por eso surgen los ofendidos a quienes se ha engañado perversamente de buena fe, entre los que no eran pocos los votantes andaluces. Pura verdad. Esta práctica es habitual en el PSOE, de naturaleza sectaria, que no solo quiere ser el ganador, sino el único. Me han indignado sus falsedades a lo largo de mi dilatada vida política, tanto contra los comunistas del gran Santiago Carrillo como contra la UCD del gran Adolfo Suárez, así como sus falsedades en la Segunda República y en la dictadura de Primo de Rivera. Y podría explicármelo refiriéndose a sus falsedades contra el Partido Andaluz, que, como ejemplo en la lucha contra la dictadura codo con codo con el PC, mientras el PSOE brillaba por su ausencia, y que fue el factor determinante de la plena autonomía de Andalucía —a la que nadie quería y a la que todos ponían trabas—, cayó políticamente ejecutado por las mentiras del PSOE, convertidas en verdades gracias a su inmenso poder político y económico. Por otro lado, en el obituario se refleja la obsesión de Rodríguez Almodóvar por empujar hacia la derecha al alcalde Uruñuela, al Partido Andaluz y a mí, a los tres por igual. Por lo que a mí respecta, no sabía que Franco, a los de derechas, nos metía en la cárcel, nos desterraba y nos encerraba en celdas, como hizo conmigo. Extraño, ¿verdad? Pero no me sorprende viniendo de un socialista. Recuerdo cómo Felipe González quería que me presentara por la izquierda y me empujaba hacia la derecha antes de decirme: «Alexander, tienes que entender que yo soy un obrero y tú eres un patrón». Nunca me importó que se me echara en cara mi origen en una clase privilegiada, porque cuando tenía 18 años, conscientemente, elegí romper con ella. Pero no deja de ser irónico que el González obrero se haya transformado en el González millonario al servicio del multimillonario Slim y sea hoy el defensor más útil de la derecha política de este país, el que hace llorar a la base socialista. Philip ha hecho lo mismo que yo: desmoronarse. Pero en sentido contrario. Voy a ir al fondo del asunto. Me enorgullece haber protagonizado el pacto con el PSOE para formar un gobierno de coalición en la Junta de Andalucía. Y me enorgullece haber protagonizado el pacto con el PP para formar un gobierno de coalición en el Ayuntamiento de Sevilla. No confío en las mutaciones ideológicas, pero acojo con agrado los pactos políticos transversales. La política es encuentro, no confrontación, aunque esto suene extraño hoy en día en el mundo, en España y en Andalucía. Sin transversalidad, ni España ni Andalucía habrían luchado por la plena autonomía. Y me enorgullece haber participado, por un lado, codo con codo con Santiago Carrillo, del PC, en la Mesa Democrática (1973) y, por otro, codo con codo con Adolfo Suárez, de la UCD, en el Congreso de los Diputados (1980). Rodríguez Almodóvar, sin dar explicaciones, cita a Escuredo, afirmando que este «retiró la bandera de Andalucía». Aparte del hecho de que nuestra bandera no se quita ni se pone, porque es el símbolo del pueblo andaluz que se lleva o no en el alma, creo que Rodríguez Almodóvar le está haciendo un flaco favor a su compañero Escuredo, pues me obliga a recordar que el PSOE ha dejado esa bandera que Escuredo ha manchado, cuando, de forma discreta y sin hacer ruido, abandonó la presidencia de la Junta, bajo sospecha de corrupción, denunciado en secreto por el propio PSOE y en público por el periódico El País el 8 de febrero de 1984. A su debido tiempo, surgen estas polémicas que ponen a cada uno en su sitio. El propio alcalde Uruñuela no habría dejado pasar el elogio fúnebre edulcorado a Rodríguez Almodóvar y lo habría rebatido y desmentido, en defensa de la memoria de su Partido Andaluz, al que Andalucía debe, entre muchas otras cosas, su plena autonomía.

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Luis Uruela no tiene derecho a leer el obituario de Antonio Rodríguez Almodóvar, el lugarteniente de honor del alcalde. Me dijo: «No es mala persona, pero tiene un nudo en el estómago que no le permite aceptar no verse a sí mismo como alcalde». No cree que los andaluces tengan nada menos que al alcalde de la capital andaluza gracias a su todopoderoso PSOE. Y su venganza consiste en inculcármelo, día tras día, para recordármelo. A pesar de todo, es valioso y lo agradezco». Esto era Uruela, el alcalde. Preparado en el análisis, justo en su actitud y siempre un señor en el sentido más humano de la palabra. Sigue leyendo.

 

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