Trauma, culpa y redención: el cine-terapia no convence en Venecia

Otro personaje masculino es torturado, y Paul Schrader, ya octogenario, sigue su propio camino. En la sección oficial de La Mostra se pueden ver dos películas mediocres sobre Vietnam y la salud mental de los adolescentes.

  

El cine apenas ha abordado, o solo de forma secundaria, el papel de los jóvenes afroamericanos en la guerra de Vietnam y la sospecha de que el Gobierno de EE. UU. los utilizó como carne de cañón. Las brutales secuelas de esa lucha, y las del racismo estructural del país, quedaron eclipsadas por la herida de miles de personas negras. «Sr. Nelson, ¿mató usted a gente? », del director japonés Tsukamoto Shinya, pretende llenar ese vacío con una película que cuenta la historia real del veterano de guerra Allen Nelson. El resultado es bienintencionado, pero mediocre, con una primera hora de violencia extrema. El espectador queda traumatizado por una orgía innecesaria de vísceras, ratas y suciedad cuando se habla de un trauma; eso sí se entiende. Shinya adaptó hace una década la novela antibélica *Fires on the Plain*. Fue entonces cuando descubrió la autobiografía de Allen Nelson. Tal y como recordó ayer el director japonés en el Lido, Nelson pasó la mitad de su vida en terapia y, posteriormente, se dedicó a dar charlas por Asia contando su historia para expiar su culpa. En Japón, impartió más de 1. 200 charlas en las que recordaba su infierno personal. Además del violento regodeo, *Mr Nelson, Did You Kill People? * abusa de los primeros planos sin que esa búsqueda de la intimidad vaya más allá de la superficie de los intérpretes. Así, de trauma en trauma, recorrió el tercer día del festival, descubriendo lo inútil —incluso lo contraproducente— que puede resultar la «cineterapia». 15 / 18 (Un lugar para sanar), del francés Cédric Kahn —cuya obra anterior, *El caso Goldman*, es una sólida película judicial—, se sitúa en un hospital psiquiátrico para adolescentes desde donde ofrece la primera variante de ese naturalismo social francófono de los hermanos Dardenne que tan bien supo plasmar Laurent Cantet en *La clase* y que, como vemos, no es tan fácil de imitar. «15/18» es un retrato coral e inmersivo de las patologías a las que se enfrentan hoy en día los adolescentes. Es un tema terrible —intentos de suicidio, autolesiones, esquizofrenia— que se mantiene a lo largo de la película: un rosario de desgracias. Solo en la última línea de su película, Kahn intenta buscar un camino propio con un poco de luz, pero es un giro forzado que no acaba de funcionar. Una imagen de «15/18 (Un lugar para sanar)», del director francés Cédric Kahn. Quizá por todo lo anterior, el único trauma del día que realmente conoció fue el de un octogenario que lleva toda una vida rodeándose de lo mismo. Solo alguien como Paul Schrader, que presentó *The Basics of Philosophy* fuera de la sección oficial del festival, es capaz de mezclar a Baruch Spinoza con el abuso sexual y la identidad reprimida de un profesor universitario. La conclusión es la de sus habituales retratos masculinos: culpa y redención. Es loable que haya una película dedicada a la posibilidad del perdón. Schrader se presentó ayer en el Lido como una especie de persona de gustos caros y voluntad tenaz, luciendo gafas de sol de espejo, un anillo de oro con una cruz, un reloj y una pulsera también de oro, y un bastón negro de Prada. «No veo otra forma de escribir más que sobre la culpa y la redención. Esta película es uno de esos estudios sobre personajes profesionales, en esta ocasión un profesor universitario», afirmó tras recordar que toda su obra cinematográfica surgió de sus orígenes. «Crecí alimentado por las enseñanzas de la Iglesia calvinista neerlandesa y, como dijo Freud, todo lo que nos determina en la vida, por mucho que huyamos en dirección contraria, está en nuestra infancia. Los primeros cinco años son los que cuentan. Es algo de lo que nadie puede huir». Una representación de Paul Schrader. A diferencia de otros creadores de su edad, Schrader ha encontrado un filón en la ligereza rudimentaria de la nueva era digital, lo que le ha permitido rodar una película tras otra en los últimos años sin prestar demasiada atención a su caligrafía. «Lo digital cambió mi relación con el medio. Puedo rodar en 19 días en lugar de 40 por la mitad del dinero. Gracias a todo esto he conseguido hacer cine bressoniano, algo impensable antes para mí», afirmó en referencia a una película tardía que, al igual que *El reverendo*, *El contable de cartas*, *El maestro jardinero* y la reciente *Oh, Canadá*, se centra en hombres solitarios atrapados en algún tipo de trauma o dilema moral. Su nuevo personaje, interpretado por Jack Huston —nieto de John Huston y sin una pizca del carisma de su abuelo—, es de una turbiedad total, un tipo incapaz de afrontar su homosexualidad, marcado por un padre todopoderoso y la sombra metafísica de Spinoza.

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El cine apenas ha abordado, o solo de forma secundaria, el papel de los jóvenes afroamericanos en la guerra de Vietnam y la sospecha de que el Gobierno de EE. UU. los utilizó como carne de cañón. Las brutales heridas de esa lucha, así como las causadas por el racismo estructural del país, quedaron eclipsadas por las lesiones de miles de personas negras. «Mr. Nelson, Did You Kill People? », una película del director japonés Tsukamoto Shinya, pretende salvar esa brecha con un retrato del veterano de guerra Allen Nelson. El resultado es bienintencionado, pero mediocre, con una cantidad extrema de violencia al principio. El espectador queda traumatizado por una orgía innecesaria de vísceras, ratas y suciedad cuando se habla de un trauma; esto sí se entiende. Sigue leyendo

 

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